La crisis trunca el proceso de convergencia entre regiones

Con un crecimiento del PIB más alto y menos dinamismo demográfico, las comunidades más ricas amplían la brecha


Para el período 2010-2016 los últimos datos de la Contabilidad Regional publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) informan de un crecimiento de la desigualdad en la riqueza regional media por habitante (PIBpc).

Porque mientras en el año 2010 la diferencia entre la comunidad más rica (Madrid, con un 133,6 % del producto interior bruto per cápita de España) y la menos rica (Andalucía, con un 75,8 %) era de casi cincuenta y ocho puntos (la media española marca el nivel cien), en el año 2016 la distancia era ya de sesenta y tres puntos. La crisis habría roto, en consecuencia, una tendencia histórica muy diferente.

Porque en la década anterior (entre el año 2000 y el 2010) la distancia entre la región más y menos rica, en lo relativo al PIBpc, habría pasado de sesenta puntos a aquellos cincuenta y ocho. En suma, en el pasado se registraba una ligera tendencia hacia la convergencia regional, que ahora se ha truncado.

Antes del 2010 esa aproximación no se debía a que las regiones menos ricas creciesen más que las más prósperas (en términos de variación anual del PIB), sino más bien a que en las regiones con un producto interior bruto inferior la población crecía mucho menos que este (o incluso disminuía) lo que provocaba el acercamiento del PIBpc. Había crecimiento desigual pero, a pesar de ello, se producía una ligera convergencia. 

El impacto de la recesión

La crisis ha volatilizado este modelo de convergencia. Porque las regiones más ricas siguen creciendo a tasas medias muy superiores al resto pero, y esta es la novedad, ahora también en ellas la evolución demográfica se sitúa en tasas muy inferiores a las de la producción.

Así Madrid, País Vasco, Navarra o Cataluña ven como su PIBpc crece muy por encima de la media española entre el 2010 y el 2016 (entre 1.055 y 1.718 euros, frente a una media nacional de 756) por la conjunción de ambos factores: su producción anual crece muy por encima de la media, pero su población no (en Cataluña incluso disminuye).

En el otro extremo aparecen regiones como Andalucía, Canarias, Castilla-La Mancha, Asturias, Cantabria o Extremadura, en las que la riqueza por habitante se estanca o decrece por una conjunción de ambos factores: porque el diferencial negativo en el crecimiento de su PIB (respecto a la media nacional) supera al diferencial demográfico, que era la variable que antes lo compensaba. En Andalucía o Canarias incluso sigue aumentando la población por encima de la media nacional.

Las comunidades más ricas siguen creciendo más que las más alejadas de la media, pero las primeras, además, acercaron durante la crisis su dinámica demográfica a las segundas. El resultado es una creciente divergencia en la riqueza por habitante que ahora ya no puede ser paliada simplemente por la evolución demográfica.

En una situación intermedia se sitúan regiones como Galicia y la Comunidad Valenciana (entre las menos ricas) o Aragón y La Rioja (entre las que más), que no consiguieron capear la crisis con tasas de crecimiento por encima de la media española, pero que en cambio anotan una regresión demográfica que les permite mantener una aparente estabilidad de su riqueza por habitante.

Pero eso no impide que mientras la distancia entre Galicia y Madrid era en el 2010 de 45 puntos (con la media española como base 100), en el 2016 se ampliase esa brecha hasta más de 47 puntos.

Albino Prada es doctor en Economía

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