Con sus 30 años llegó a la empresa y lo llamaron viejo

Se trata de la generación mejor formada y la que tendrá un salario inferior al de sus progenitores

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Entre una cosa y otra llevamos ya diez años de crisis, y aquellos chavales que con 20 salían de las facultades recién licenciados cuando se desató el huracán de las subprime hoy defienden sus 30 con menos alegría -cuando no con pesimismo- y mucha incertidumbre. No es para menos. Hay quien considera que se trata de una generación perdida. Sus oportunidades de crecer en el ámbito laboral son reducidas. Son viejos desde el punto de vista de las empresas que ya tienen a su disposición chavales más jóvenes para integrar en sus filas con un contrato de prácticas, mucho más precario que el que le reclamaría el treintañero. (Que, por cierto, además de cobrar menos es mucho más maleable). 

Describamos el perfil de un joven cualquiera nacido entre 1980 y 1987: Fue un buen estudiante de la Universidad de Santiago de Compostela. Año por curso y un expediente académico de notable, lo que le permitió realizar un Erasmus en Budapest para lo que se le exigía buen nivel de inglés, que allí mejoró.

Tras concluir estos estudios, su inquietud por conocer otras culturas más desfavorecidas lo llevó hasta América Latina, desde donde regresó con una visión del mundo ampliada. Su siguiente destino fue Madrid, donde se zambulló en los mercados financieros: Bolsa, derivados, divisas... Al tiempo realizó un MBA y un curso avanzado de relación con los inversores. Le gustaba la capital, pero más Galicia, y volvió para integrarse en una compañía dedicada a esos menesteres en los que se había especializado. Llegó la crisis y él se quedó en la calle, donde inicio su viacrucis particular buzoneando currículos. Tuvo suerte y le ofrecieron un empleo. Pero siguió buscando. A través de un conocido, sus datos llegaron a una gran empresa y la conversación del representante de la misma con el contacto fue la siguiente: 

-¿Es joven?

-Sí, sí.

-Pero, ¿cuántos años tiene?

-34.

-Lo siento. Para nosotros ya no es joven. No nos sirve.

Hoy el treintañero mantiene su trabajo de falso autónomo con un fijo de 300 euros más comisiones. El fin de semana suele quedar con un amigo que tiene pareja y, como a él, sus padres le ayudan económicamente todos los meses.

El que acabo de relatar es un caso real. Miles de representantes de esta generación emigraron. Otros se quedaron y entraron donde pudieron. Muchos están tirados en la cuneta. Se trata de la generación mejor formada y la que tendrá un salario inferior al de sus progenitores, en la inmensa mayoría de los casos, con una preparación muy inferior a la de sus retoños.

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