El agua de la Costa da Morte da para cerveza, «gins» y bebidas isotónicas

El líquido vital de la zona es uno de los de mayor calidad del litoral europeo


sofia.vazquez@lavoz.es

Para que digan que los jóvenes no son emprendedores, que no piensan y que no les preocupa el medio ambiente. Dos preguntas les hicieron romperse la cabeza a los alumnos de un máster de biología: cuánto vale un río que no esté contaminado y cómo se pueden aprovechar los recursos marinos más allá de los pesqueros. La respuesta a ambas cuestiones dio lugar al nacimiento de la compañía Siete Cuarenta Natural S. L., cuya actividad se centra en el lanzamiento al mercado de una bebida isotónica que tiene su base en el agua de la Costa da Morte, considerada como una de las de mayor calidad del litoral de Europa. Se extrae de una de las zonas más vírgenes, a 70 metros de distancia y 4 metros de profundidad.

Raúl Álvarez Anta, un joven biólogo de A Coruña, impulsó un proyecto en el que enroló a su hermano Lois, encargado del diseño gráfico, y al ingeniero portugués Filipe Teixeira Lajoso, dedicado a la logística.

Otras dos empresas vinculadas

Su idea era lanzar al mercado una bebida isotónica natural y distribuirla a todo el mundo. Se pusieron manos a la obra y uno de sus primeros contactos fue con la empresa Coído de Sabadelle, de Vimianzo, que extrae el agua del mismo lugar que lleva su nombre, una zona protegida por Red Natura. Después requirieron a Custom Drinks, compañía de Hijos de Rivera, que es la responsable de mezclar el agua del mar con una fórmula basada en el zumo de limones frescos y estevia natural, dejando fuera conservantes, colorantes y cualquier producto químico.

Sin duda, algo tiene que tener la Costa da Morte, porque su agua, además de ser la base de la bebida isotónica Refix -de la que se habla en esta crónica-, también se utiliza para una cerveza (Estrela de Mar), una tónica (Bágoas do Mar), una ginebra (Bravú) y un agua marina (Brétema).

Raúl Anta explica, utilizando el lenguaje cuidado propio de las explicaciones científicas, que «un servicio ecosistémico» (entendido como bienes y servicios que benefician a los seres humanos) puede ser directo o indirecto. El primero sería el pez que te da un río, el árbol que te da un bosque; el indirecto, el importe económico que una persona está dispuesta a gastar desde que sale de casa hasta que llega al río sin contaminar con el único objetivo de verlo: la gasolina del coche para llegar a las proximidades del río, la comida, el tiempo... «Así se calcula el valor a los servicios ecosistémicos».

Anta estudió en profundidad la costa gallega atlántica. Sostiene «que es una de las zonas con mayor productividad biológica del mundo y que cuenta con una fuente inagotable de plancton». En la memoria de la compañía se hace hincapié en que en el agua del mar se encuentran casi todos los elementos químicos de la tabla periódica. El sodio y el cloro forman el 84 % de estas sales, y el 16 % está formado por magnesio, potasio y calcio. También se encuentran el resto de los elementos, pero en cantidades muy pequeñas o trazas. «El fitoplancton -se explica- realiza la captación de todos los minerales. El zooplancton ingiere el fitoplancton y da inicio a la cadena alimentaria, devolviendo al mar secreciones biodisponibles compuestas por un conjunto de minerales y por todos los bioelementos que necesitamos para vivir, en las proporciones adecuadas para el cuerpo humano».

Después de conocer tal explicación, ¿qué más se le puede pedir al mar? Vivir en Galicia obliga a cuidar la costa -Costa da Morte-, que fomenta la generación de riqueza, negocios y vida, además de poner en valor el talento. Lo que no es poco en los tiempos que corren.

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