Así viví el inicio de la crisis mundial desde A Mariña

El exconsejero del BCE José Manuel González-Páramo relata por primera vez cómo afrontó desde Galicia el principio del terremoto financiero


El décimo aniversario del estallido de la crisis financiera me trae el recuerdo aquellos días en mi residencia de vacaciones en Viveiro. El 9 de agosto del 2007, el Banco Central Europeo (BCE) tomó la decisión de realizar varias inyecciones de liquidez extraordinarias para respaldar al sistema financiero. Por aquellos tiempos era consejero ejecutivo del BCE y aquel día se inició con una llamada telefónica de Fráncfort a las 7 de la mañana para analizar la evolución de los mercados financieros en Asia, seguida de un comité de liquidez extraordinario. Todo ello en conexión directa entre el norte de Galicia y Alemania por teleconferencia. Ese mismo día, el banco francés BNP suspendió temporalmente el valor liquidativo de tres de sus fondos. A partir de entonces, el mundo comenzó a advertir la existencia de las hipotecas basura (subprime), aunque todavía tardaríamos un tiempo en conocer sus verdaderos efectos en los balances de muchos de los grandes bancos del planeta, primero, y en la economía mundial, después. 

Los siguientes cinco veranos en Galicia, hasta que en el 2012 venció mi mandato en el BCE, estuvieron marcados, en mayor o menor medida, por la evolución de la crisis y las medidas adoptadas desde la institución con sede en Fráncfort, pero con terminales activos en A Mariña, desde donde organicé innumerables teleconferencias como máximo responsable de operaciones de mercado del Eurosistema.

El éxito en capear la tormenta perfecta a la que nos enfrentamos se debió, en gran parte, al papel jugado por los principales bancos del mundo, con el BCE y la Reserva Federal a la cabeza. No solo por su acción en sus respectivas jurisdicciones, sino también por la coordinación que desplegaron entre ellos, conscientes de que en una economía altamente interconectada se imponía una acción concertada.

Una década después del inicio de la crisis, puede afirmarse que el BCE ha afianzado su rol monetario tradicional al frente de la estabilidad de precios, a la vez que ha asumido nuevas responsabilidades como garante de la estabilidad financiera y como supervisor bancario. El camino no ha sido sencillo. A la crisis financiera internacional pronto se superpuso la crisis de deuda europea y el riesgo de ruptura del euro. Ello obligó al BCE a emplearse a fondo adoptando medidas que, en algunos casos, han sido muy criticadas. Por ejemplo, su participación en la llamada troika, junto al Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea, fue considerada por algunos como una extralimitación de sus funciones, que ponía en riesgo su independencia en la aplicación de la política monetaria. También ha sido controvertida su política de aprovisionamiento de liquidez a la banca o el programa de compra de deuda soberana anunciado en el verano del 2012.

¿Quién iba a pensar cuando se creó el BCE que esta institución asumiría tal protagonismo? El rol especial del BCE en la crisis debe entenderse en el contexto que caracterizó a este singular período. Mirando al futuro, sin embargo, el BCE no puede ser el eje central de la lucha contra las crisis en Europa. Otras instancias europeas deben asumir dicha responsabilidad, a través de una doble estrategia: desarrollando un cuerpo legislativo armonizado y reforzando el marco institucional con mayores niveles de integración.

La receta es conocida. El entorno político europeo estará por fin despejado, una vez celebradas las elecciones generales en Alemania, y las perspectivas económicas invitan a un moderado optimismo. Los países europeos muestran diferentes puntos de vista y grados de ambición, pero creo fervientemente que los líderes europeos aprovecharán esta oportunidad para abordar estos temas con una perspectiva de largo plazo, poniendo las luces largas en lugar de las cortas.

Este verano, contemplando la belleza de la Mariña lucense desde los altos de Abrela, en O Vicedo, me ha venido a la memoria aquel agosto del 2007. Aquellos días en los que el sistema financiero y los mercados dejaron de funcionar y nadie sabía por qué.

José Manuel González-Páramo fue miembro del Comité Ejecutivo y del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo entre el 2004 y el 2012. Hoy es consejero en el BBVA.

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