Los estudiantes tendrán que pagar hasta un 10 % más por un piso este curso

Los precios oscilan entre los 140 y los 180 euros por persona y mes

m. s.
redacción / la voz

El comienzo del curso universitario en septiembre -anteriormente se retrasaba hasta octubre- ha hecho que la búsqueda de pisos de estudiantes se concentre en los primeros meses del verano. «En agosto aún quedan pisos, pero la mayoría ya se han alquilado en junio y julio», explica Antonio Gómez, de LC Inmobiliaria (A Coruña). No obstante, a pesar de que lo ideal es mirar el piso con antelación, a mediados de agosto e incluso en septiembre todavía continúa habiendo una gran oferta.

Los pisos de alquiler a estudiantes juegan en una liga totalmente diferente a aquellos que se alquilan a familias. Y no solo por el precio, sino por la antigüedad del inmueble y el estado de los muebles y electrodomésticos. Expertos en el sector inmobiliario confiesan que un piso, por el mero hecho de alquilarse a estudiantes, puede costar un 5 % más que si esa misma vivienda se alquilase a una familia. Hay que sumarle hasta veinte o treinta euros más si el inmueble está próximo a las zonas que más interesan a los estudiantes, que no suelen ser el centro de la ciudad -normalmente la zona más cara-, sino aquellas que están bien comunicadas con las líneas de transporte para llegar hasta los campus que, salvo en el caso del Campus Sur de Santiago, se encuentran a las afueras de las ciudades.

Dos inmobiliarias de A Coruña y Vigo confiesan que este año el precio de los pisos de estudiantes ha subido entre un 5 y un 10 %. De esta manera, en la actualidad, el alquiler de este tipo de pisos oscila entre los 140 y los 180 euros al mes por persona, siendo Ourense la ciudad más barata. Este sería el precio que pagaría una persona por un piso de tres habitaciones, que es la modalidad más demandada por los estudiantes. El precio por persona asciende considerablemente -hasta cien euros más al mes- si se trata de pisos de dos habitaciones o apartamentos individuales. 

«Es un alquiler seguro»

Muchos caseros son reticentes a alquilar sus pisos a estudiantes por miedo a las fiestas universitarias en las que temen que puedan destrozar parte del mobiliario. A modo de seguro ante posibles destrozos siempre se pide como mínimo una fianza de un mes, aunque lo más común es que se exijan dos meses. No obstante, desde el sector inmobiliario explican que el principal motivo de problemas es la limpieza. Los pisos se entregan limpios y los estudiantes han de devolverlos en el mismo estado a final de curso. Muchos no lo hacen y las inmobiliarias se ven forzadas a coger de la fianza el dinero para pagar la limpieza del inmueble. A pesar de todo esto, Antonio Carballeda, de Besthouse Vigo, desmiente el mito de que alquilar el piso a estudiantes sea un riesgo: «Es un alquiler muchísimo más seguro que el de una vivienda habitual». Explica que nunca tienen problemas de impagos. «Cuando se alquila a una familia solo hay un pagador y en muchos casos una única fuente de ingresos, por lo que el riesgo de impago es mucho mayor que si son tres o cuatro pagadores que se reparten el coste de la vivienda y consumo», añade.

La principal queja de los estudiantes es el estado de los pisos, que habitualmente «son muy viejos y los muebles muy antiguos». La media de antigüedad de un piso es de unos veinte años, por lo que no es raro encontrarse con viviendas con humedades, grietas o calderas que precisan ser cambiadas. Los propios dueños son conscientes de que sus viviendas necesitan reformas, y ante las insistentes demandas de sus inquilinos, una vez ya están en el inmueble, acaban por ceder. Francisco García, estudiante en Santiago, explica que lleva tres años en el mismo piso y que el casero fue haciendo pequeñas reformas y mejoras, por lo que el estado de la vivienda no es el mismo ahora que cuando llegaron.

Inmobiliarias y estudiantes coinciden al decir que el principal requisito es que las habitaciones sean luminosas y de tamaño similar para que no haya diferencias y que así todos los inquilinos paguen lo mismo de alquiler. Cristina Freire estudia en A Coruña. Este año se ha cambiado de piso y no duda en afirmar que algo imprescindible para ella es que la cocina no sea con bombona de butano: «Es un rollo andar cambiando la bombona y además tienes que estar pendiente de que vengan a traértela. Cuando venían por la mañana, como todas estábamos en clase teníamos que dejar el dinero en el pasillo para que también nos entregasen de la misma forma la bombona».

Las residencias universitarias son la opción prioritaria para el primer año

A pesar de no ser la opción más económica, los estudiantes de primer curso de universidad suelen preferir irse a una residencia que a un piso compartido. Una decisión que suele estar motivada por los padres, que creen que el primer año es de adaptación. En las residencias se les proporcionan servicios de limpieza y comidas, liberándolos de responsabilidades que pueden complicar su adaptación. Pero disfrutar de estos servicios tiene un precio. La tarifa de una habitación con pensión completa en una residencia privada suele rondar los seiscientos euros.

El transporte metropolitano, una alternativa al alquiler para estudiar

No todos los estudiantes pueden permitirse pagar el alquiler de un piso, por lo que se ven en la necesidad de buscar alternativas más económicas como hacer uso del transporte público para desplazarse cada día y seguir viviendo en casa con sus padres. Cada vez son más los estudiantes que optan por coger el tren cada mañana y volver en él por la tarde. «Me sale más barato que alquilar un piso y no tengo que preocuparme por limpiar, hacer la compra...», explica Cintia, una estudiante de Periodismo que va y viene desde A Coruña hasta Santiago todos los días. «Se ha notado mucho la subida de estudiantes en el tren. Ahora muchos días va lleno. No es la primera vez que tengo que coger el siguiente porque no tengo sitio», añade. Por 160 euros Renfe oferta un bono mensual para estudiantes con el que pueden hacer uso de los trenes. Los precios varían dependiendo de la ruta.

Para aquellas ciudades que no tienen una buena comunicación con el tren, como es el caso de Ferrol, existe un servicio de autobús específico para el traslado entre campus. La línea, gestionada por la compañía Arriva, comunica Narón, Ferrol y Fene con A Coruña con un servicio en las horas clave de entrada a las clases en las facultades.

El coste de este servicio, exclusivo para estudiantes de la universidad, es de 150 euros al mes.

«Llegaron a pedirme 150 euros solo por enseñarme los pisos»

Los anuncios por Internet se están convirtiendo en el medio más usado para buscar piso, pero hay que tener cuidado con las páginas web y las condiciones que piden. Laura García necesitaba encontrar un piso con rapidez y no dudó en echar un ojo a través de diferentes webs. «Los pisos tenían muy buena pinta en las fotos y además no eran demasiado caros», explica Laura. Decidida a ir a verlos, quiso ponerse en contacto con el particular, que resultó ser una asociación con sede en A Coruña y Vigo. «Me llevaron a ver un par de pisos y luego me dijeron que teníamos que ir a la oficina a formalizar el pago», añade. Para sorpresa de Laura, en el papel donde debían recoger sus datos personales para «enseñarle los pisos que mejor se ajustaban a lo que buscaba» existía una cláusula en la que te comprometías a pagar por ver los pisos, aunque luego no fueses a alquilar ninguno.

El caso de Laura no es aislado. Cristina Freire y sus compañeros de piso se vieron en la misma situación hace apenas un mes. «Llegaron a pedirme 150 euros solo por enseñarme los pisos», relata. Como Laura, vieron por Internet unas fotos de un piso que estaba en muy buenas condiciones, pero para poder ir a verlo debían cubrir primero el papel donde, con la excusa de recoger los datos del posible inquilino, aceptaban pagar por ir a verlos. Ellos pudieron echarse atrás a tiempo porque aún no les habían enseñado ninguno pero reconocen que éticamente es una práctica que roza la frontera de la legalidad.

«No tenemos por qué vivir en la miseria»

«Cambio de etapa, de piso y de compañeros», así describe Sara Meijide cómo va a comenzar su nuevo curso académico en Santiago. En octubre empezará sus estudios de máster y este será ya su quinto año viviendo en la capital compostelana.

Como muchos estudiantes, la opción de irse a un piso en su primer año en la universidad no le convencía, así que primero pasó por una pensión. No quería tener que andar preocupándose de temas como la limpieza y además así «podía conocer gente». No obstante, reconoce que «te puedes permitir un año de adaptación, pero luego hay que espabilarse, vivir en piso es mucho más económico».

En la búsqueda del piso ideal para vivir un año en Santiago, esta joven se ha encontrado de todo: «Recuerdo que llegaron a enseñarme un piso que tenía las paredes rotas y latas de sardinas y atún abiertas dentro de los armarios. Parecía tercermundista». Para ella es fundamental que los pisos estén limpios y no se caigan a cachos, precisamente lo contrario a lo que se encontró en esa vivienda. Además, dice, se fija mucho en los colchones: «Muchos pisos tienen los típicos azules de espuma en los que si duermes te dejas la espalda».

Tras mucho buscar, finalmente encontró su piso para este nuevo curso a través de un anuncio en una farola. «Queríamos que las habitaciones fuesen más o menos del mismo tamaño. En este piso la sala es más cutre, pero lo preferimos así», explica.

Sara, que ya ha pasado por distintos pisos, aconseja que «para encontrar un piso bueno, bonito y barato lo ideal es buscar ya en junio. En agosto y septiembre todavía hay, pero los mejores ya están cogidos».

Nunca tuvo problemas con sus caseros o con la gestión a través de inmobiliarias, pero reconoce que los pisos en Santiago muchas veces no cumplen los mínimos para ser habitables. «Por ser estudiantes no tenemos por qué vivir en la miseria. Por favor, acondicionen un poco más los pisos», se queja. Critica, además, que la gente que alquila pisos a estudiantes tiende a generalizar y a pensar que «somos todos unos maleducados».

«Prefiero compartir a estar yo solo»

 «Prefiero compartir piso a estar en un apartamento yo solo, acabaría aburrido», explica Carlos de Paz. Este joven estudiante de Arte Dramático va a comenzar en septiembre su segundo año en Vigo. Espera que sea mejor que el primero, ya que tuvo que enfrentarse a una serie de problemas derivados de la mala convivencia con compañeros de piso.

En un primer momento Carlos iba a compartir piso con tres compañeros más. Ya habían buscado vivienda y tenían todo listo para firmar los contratos, pero en el último momento dos de esos amigos se echaron atrás y tuvo que buscar un plan B. La inmobiliaria, dice, les ayudó a una compañera y a él a buscar otro piso, que compartirían con una tercera persona. Al principio no había ningún tipo de problema, pero conforme avanzó el curso, la convivencia se hizo insoportable. Tanto, que se vieron forzados a dejar el piso e irse a otro diferente. Pero abandonar un piso a mitad de contrato tiene sus consecuencias. La inmobiliaria les pedía que pagasen el resto de los meses que les quedaban en el piso y a mayores no recuperar la fianza. «Llegamos a un acuerdo y finalmente solo pagamos un mes más. La fianza la perdimos también», explica Carlos.

No tardaron mucho en encontrar otro piso. «Como nos corría prisa no buscábamos ningún lujo, pero sí teníamos dos requisitos: que no fuese de butano y que estuviera amueblado», añade. A pesar de la antigüedad de las viviendas que se ofertan a estudiantes, Carlos considera que el precio que pagan está acorde: unos 125 euros por persona.

Al preguntarle sobre la posibilidad de irse a una residencia para evitar conflictos de convivencia, Carlos tiene claro que prefiere seguir en un piso: «La mayoría de las residencias que conozco son con habitaciones compartidas. Si tienes un problema con tu compañero no tienes espacio. Yo creo que por eso es mejor un piso. No solo tienes tu propia habitación, sino que al haber zonas comunes puedes delimitar más tu espacio», explica. De esta manera, este año Carlos le dará una nueva oportunidad a la vida compartida en piso. Esta vez con los compañeros con los que iba a ir en un inicio el curso pasado.

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