Galicia fabrica biogás... en Inglaterra

f. fernández REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

bruno area

La planta fermenta remolacha, maíz y centeno y elabora combustible suficiente para abastecer a 6.000 hogares

06 ago 2017 . Actualizado a las 18:10 h.

Biogás suena por estos lares casi a combustible de ciencia ficción, pero en otros países nada lejanos han descubierto lo fácil que es de obtener y cómo sacarle provecho energético. Basta con poner a fermentar restos orgánicos (animales o vegetales) et voilà. En toda la Unión Europea hay 17.000 plantas que se dedican a obtener este gas; casi la mitad de todas ellas (unas 8.000) se encuentran en Alemania; en Holanda, un país del tamaño de Galicia, se llega a 4.000. Mientras, en España, hay la ridícula cantidad de medio centenar. Y más concretamente, en Galicia, entre tres y cuatro. Así lo explica Francisco Repullo, presidente de Aebig, la asociación española del biogás. A este sector le ocurrió lo mismo que al resto de las energías renovables: el Gobierno les cerró de golpe en el 2012 el grifo de los incentivos económicos y se acabó el negocio. De momento.

En parte por eso, porque las oportunidades en ese segmento en España son escasas, y en parte por un ansia de aventura que imprime la edad, el químico Luis Prieto Gómez (Ortigueira, 1988) acabó hace tres años en Apsley Farms, una inmensa granja en Andover, al sur del Reino Unido, consagrada en cuerpo y alma a fabricar biogás. Junto a él, otros dos gallegos, en una plantilla de unos quince trabajadores.

En Gran Bretaña hay medio millar de instalaciones. 65 de ellas usan el combustible para inyectarlo directamente en la red de gas que suministra energía a los hogares ingleses. El resto, esto es, la mayoría, lo utilizan para hacer mover unos generadores y producir electricidad para autoconsumo y para vender a la red estatal. Apsley Farms pertenece al primer grupo, aún minoritario. El dueño de esta granja era un agricultor más del sur de la isla hasta que decidió buscar otros usos para sus cosechas de cereales. Si los dejaba fermentar, pensó, podría obtener un gas y con él o producir energía o venderlo directamente. Cuando llegó Luis Prieto, había una planta de 500 kilovatios; hoy es de 5,5 megavatios. 

Así se consigue

En la propiedad existen amplias extensiones de plantaciones de centeno, remolacha y maíz «pero no son suficientes y tenemos que comprar más», explica este químico ortegano. La planta consume 350 toneladas al día de cereales, que darían alimento a 6.000 vacas. En su lugar, el metano que genera se vierte a la red y puede abastecer a 6.000 viviendas.

El proceso de fabricación no tiene mucho misterio. Se recogen los cereales, se vierten todos mezclados en un digestor y están ahí 21 días dando vueltas. Así se produce el gas. «Es como hacer una digestión en tu estómago», resume Luis Prieto. «Vale cualquier desecho orgánico para producir biogás, hasta se puede fabricar en casa echando la basura en un contenedor pequeño», añade.

Aparte de los usos señalados en Apsley Farms, en la granja también están inmersos en un proyecto para limpiar el biogás. Se trata de separar el metano y el CO2. Este último «lo capturamos, lo licuamos y también lo vendemos, no contaminamos nada», explica el químico gallego. Además, los residuos que se generan en el proceso «son un buen fertilizante y los vendemos o los intercambiamos por maíz o centeno», añade.

El sector del biogás en el Reino Unido está en pleno bum, porque «viento no sabes si vas a tener, sol tampoco, pero residuos orgánicos, siempre», subraya el experto gallego. 

Potencial desaprovechado

A Luis Prieto, la situación del sector en España «me da pena, porque tenemos un potencial enorme, y no lo estamos aprovechando». Y cuenta la experiencia de unos asturianos que están intentando montar una planta en su propia comunidad. ¿Qué les sucede? Que el negocio se frustra en el momento en que genera más energía de la que necesita para su planta. La sobrante no solo no se la retribuyen por verterla a la red, sino que tiene que pagar por hacerlo. Son los peajes aprobados por el Gobierno que han dejado de hacer atractivo el autoconsumo eléctrico.