La clave del precio de la luz está en el agua

La caída de la producción de estas centrales debido a la sequía ha disparado los precios un 30 %


Nuestro endiablado sistema de formación de cotizaciones en el mercado mayorista de electricidad otorga una clara preeminencia a las centrales hidroeléctricas, que resultan ser claves para explicar las subidas (y también las bajadas) del precio de la luz.

En efecto, existe una suerte de lonja donde todos los días las instalaciones eléctricas del país van a ofertar la energía que tienen previsto producir en cada hora de la jornada siguiente. Como en todo momento hay que generar la misma electricidad que se consume (al menos hasta que la evolución tecnológica que estamos viendo en las baterías se traslade al sector eléctrico masivo), los representantes de los consumidores -a saber, las mismas compañías eléctricas que producen la energía- también acuden a la lonja diaria con la previsión de consumo de sus clientes para cada una de las horas del día siguiente. Con tales pujas, el operador del mercado ordena de más barata a más cara las ofertas y se queda con la última necesaria (la más cara) para satisfacer la demanda prevista en cada hora. Esta central marca lo que cobrarán todas las demás. Esto es, todas las que ofertaron por debajo del precio de la última, conocido como marginal, que es también el que pagará toda la demanda.

Cuando llueve mucho, los propietarios de las hidroeléctricas no tienen más remedio que ofertar toda su potencia. De no hacerlo pondrían en riesgo la estabilidad de las presas. Por eso lo hacen a precio cero. Sea cual sea el coste marginal que resulte, les irá bien. El agua no vale nada.

Ahora bien, cuando deja de llover, la estrategia cambia radicalmente. Ahora tienen la opción de decidir si desembalsan el agua a una u otra hora, con la única limitación de caudal que imponga la correspondiente confederación hidrográfica. El agua entonces vale mucho. Tanto como el precio al que oferte la central que produciría su energía de no concurrir la hidroeléctrica. Y no solo se tienen en cuenta las centrales a sustituir de un día para otro: si no que si se prevén fuertes lluvias en el corto plazo, podrá especularse con el precio incluso a meses vista.

Se trata pues, de una tecnología bimodal: oferta a cero o a precio muy alto en función de la pluviosidad. Si estas fuertes variaciones afectaran solo a la energía hidroeléctrica, que no suele superar el 20 % del total de la producción eléctrica en cómputo anual, el impacto sobre nuestra factura no sería demasiado alto. Pero como fijan el precio marginal de todas las demás centrales, el impacto es enorme.

Se entiende, pues, que la sequía de este año, que ha llevado a una producción hidroeléctrica del orden del 10 % en el primer semestre, la mitad que el año anterior, sea la principal responsable de una subida de precios del mercado mayorista de nada menos que del 30 %, que estamos notando en nuestros recibos.

Se entiende, claro, la importancia de negociar en los despachos una ampliación de las concesiones hidroeléctricas. Hay mucho dinero en juego.

Jorge Morales es vicepresidente de la Fundación Renovables y director de Próxima Energía

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