Casi 25.000 viviendas de la burbuja siguen sin dueño diez años después

El «stock» de obra nueva se drena más rápido en Galicia que en el resto de España


redacción / La Voz

El empacho de ladrillo fue de los que hacen época y, claro, la digestión se está haciendo pesada. A finales del 2016, en España quedaban todavía 491.693 viviendas nuevas sin vender, después de que 22.155 encontraran comprador a lo largo del año pasado, según el informe sobre el stock inmobiliario publicado por el Ministerio de Fomento. Un estudio que, en lo positivo, constata la reducción, por séptimo año consecutivo, de la inmensa reserva de pisos y casas acumulada en los años de la burbuja, que llegó a rozar las 650.000 unidades en el 2009. Ahora la cifra está casi un 25 % por debajo, pero no es menos cierto que el ritmo de caída se ha estancado en el entorno del 4 % anual.

Pero el mercado inmobiliario no es homogéneo y, en este apartado (los precios y las ventas son una cuestión aparte), Galicia va unos cuantos pasos por delante. En primer lugar, porque salvo algunas excepciones costeras, el mercado no se calentó tanto como en otros puntos de España. Pero no solo se acumuló menos, sino que el drenaje está siendo mucho más rápido. En diciembre quedaban, según Fomento, 24.565 viviendas sin vender en la comunidad, lo que supone una reducción del 7,1 % respecto al cierre del año anterior. En doce meses se colocaron en el mercado casi 1.900 pisos y chalés a los que la crisis había dejado sin dueño.

Solo en dos comunidades, Baleares y el País Vasco, las cifras fueron mejores que en Galicia, con mermas superiores al 9 y al 34 %, respectivamente. Eso, dejando al margen a Cantabria, Extremadura y Navarra, donde el Gobierno considera que ya no hay stock, puesto que el volumen de obra nueva sin vender es inferior al que había en el año 2004.

Lugo tira del mercado

Benito Iglesias, presidente de la Federación Gallega de Empresas Inmobiliarias (Fegein), apunta a Lugo como el principal motor del drenaje en la comunidad. En concreto, al norte de la provincia, «porque en el sur el comportamiento del mercado es muy parecido al de Ourense». Es la zona de A Mariña la que propicia esa caída de la reserva de obra nueva en casi un 18 %, gracias principalmente a la agresiva política de precios aplicada para desprenderse de las viviendas atascadas en los balances de los bancos y los escaparates de las inmobiliarias.

«Hay que tomar nota de la gestión que están haciendo ahí», señala Iglesias, que tiene claro que la lección que hay que sacar es que, «en el mercado, el precio manda». Las campañas para saldar casas a golpe de ganga surten efecto, «y aunque se vendió en cifras que nunca se pensó, eso sirvió para desviar a mucha gente que buscaba segunda residencia hacia el norte de Lugo y a fijar población; simplemente recogen lo que han sembrado», destaca el experto.

Tras Lugo, la de A Coruña es la provincia en la que más stock se drenó, con una reducción del 6,9 %, aunque la caída es la más abultada si se mide en términos absolutos, ya que el año pasado encontraron dueño 788 inmuebles, frente a los 529 que se colocaron en Lugo. Pontevedra está ligeramente por detrás, con una merma del 5,1 %, aunque Iglesias destaca la pujanza del mercado inmobiliario en Vigo y su área metropolitana: «Es una de las cinco ciudades de España donde más suben los precios de la vivienda, aunque eso, a la vez, también preocupa un poco». El de Ourense es el mercado más parado, y el ajuste en la reserva de obra nueva fue solo del 3,4 %, por debajo de la media española.

Dos velocidades

Si Iglesias apunta que el tirón del mercado inmobiliario «se concentra en 25 ayuntamientos», un reciente informe de Servihabitat, la división inmobiliaria de CaixaBank, refrenda esa fragmentación, asegurando que el drenaje se concentra en los principales núcleos de población, especialmente los que son destino vacacional, y apuntando que «en el corto plazo debería hablarse de stock técnico en las ciudades».

La construcción se reactiva en los principales núcleos urbanos

Y claro, como sube la venta de viviendas y hay menos pisos y casas de nueva planta en el mercado, los constructores se ponen a lo suyo. El repunte de la edificación, todavía muy concentrado en las áreas urbanas y costeras, se tradujo el año pasado en el visado de más de dos mil viviendas nuevas, un 35 % más que en el 2015. Y no hay freno, porque entre enero y abril los permisos han aumentado otro 30 %.

Según Servihabitat, la buena marcha del mercado ha alentado nuevas promociones en las localidades más pobladas, «aprovechando los pocos suelos urbanos que quedan disponibles». Y añade que «existe también una buena perspectiva de desarrollo en la periferia de las ciudades. Este impulso está siendo originado por promotores locales y debería verse incrementado en los próximos meses».

Con este escenario, unido a la mejora de los presupuestos familiares, su previsión es que este año se inicien más de 2.200 nuevas viviendas, un 3,3 % más que en el 2016, y que se vendan 14.748, lo que supondría un repunte superior al 10 %.

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