Portugal compite con sus propias armas

Las claves de la deslocalización: ayudas fiscales, suelo casi gratis, sueldos bajos y paz social

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vigo / la voz

Allí donde hay buenas condiciones para la inversión y el crecimiento siempre hay multinacionales buscando suelo y facilidades para instalarse. Ese lugar podría ser Galicia, si no fuera porque, cruzando el río Miño, Portugal ha desplegado una gran alfombra roja, de atractivas bonificaciones, por la que no paran de desfilar multinacionales.

Si en el 2016, recién salido del rescate, el vecino luso logró captar más de 900 millones de euros en inversión extranjera directa, este año el país al que todos se refieren ahora como el «milagro de Europa» ya ha avanzado que pulverizará el récord. Y lo hará, en buena medida, a costa de inversores que pensaron en Galicia como primera opción para instalarse. ¿Por qué no lo hicieron? He aquí algunas de las claves de la competitividad lusa que se han convertido en una seria amenaza para la economía gallega.

Suelo industrial

La gran rebaja en Galicia no puede competir con la barra libre lusa. Hace casi dos años, la Xunta intentó contraatacar la política de bajo coste del suelo en Portugal con una operación de grandes rebajas en los polígonos gallegos, con condiciones realmente ventajosas. Además de reducir los precios más del 50 %, la Administración ofrece acuerdos para ocupar parcelas a cambio de una especie de alquiler con derecho a compra, como una concesión con cuota final. Con 12 meses de carencia, el canon anual por metro cuadrado será de entre 0,38 y 2,28 euros. La medida ha servido para desbloquear la venta de alrededor de un 40 % de la superficie disponible. Pero no hay rebaja que pueda con las condiciones que cada ayuntamiento portugués negocia de forma individual con cualquier empresa demandante de suelo. El precio medio en el norte luso es de 20 euros el metro cuadrado. Pero es un coste testimonial, que puede bajar a cero si la inversión lo merece.

alcaldes Brókeres

El activo papel de las cámaras municipales lusas. Cuando una empresa quiere instalarse en Portugal, el primer paso que tiene que dar es entrevistarse con el presidente de la cámara municipal del lugar elegido para implantarse. La corporación es la gestora del suelo público en cada municipio, y el alcalde tiene plenas competencias para incentivar la instalación de una nueva empresa, aprobando por decreto bonificaciones o, directamente, exenciones en el pago de impuestos.

Mano de obra

Sueldos más bajos, un buen gancho para las grandes empresas. Un factor clave para la captación de inversión industrial es el coste de la mano de obra. La factura es inferior en el norte de Portugal en casi un 50 % por una doble causa: la menor masa salarial y el mayor número de horas trabajadas. Es un aliciente especialmente atractivo para las empresas que superan los 100 empleados en nómina. En el caso de los proveedores de componentes de automoción (ya hay 11 nuevas multinacionales que llegan al norte luso para surtir a PSA Vigo), la mano de obra puede representar entre un 20 y un 40 % del total de los costes de producción. A esto hay que añadir que el Gobierno portugués incentiva a las empresas extranjeras por la contratación de empleados, siempre y cuando sean de nacionalidad portuguesa.

Paz social

Ni huelgas ni paros en las fábricas portuguesas. Ni las huelgas generales convocadas durante los años del rescate contra las políticas de austeridad impuestas por la troika consiguieron paralizar la actividad industrial en Portugal. Un informe elaborado por la industria gallega del automóvil pone de manifiesto cómo la fuerza sindical juega en contra del sector gallego. «Es significativamente superior que en el norte de Portugal -mayor número de huelgas y existencia de la figura de liberados sindicales-, lo cual resta horas productivas», dice. Los empresarios del metal de la provincia de Pontevedra reconocen que huelgas «salvajes» como la vivida en el año 2009 han provocado que empresas del sector optaran por deslocalizarse o abrir filiales en el norte de Portugal.

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