Un rescate con más de 300.000 perjudicados: la avaricia es legal

Óscar Rama Penas

ECONOMÍA

Andrea Comas

La operación de venta del Popular es una de las mayores catástrofes financieras para los inversores españoles

18 jun 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

En Historia de las grandes catástrofes financieras de la Humanidad, A. Mayer repasa los mayores fiascos económicos, así como los principales especuladores que los originaron. Desde la manía de los tulipanes del siglo XVII a Ivar Kreuger, probablemente el más extraordinario de todos los especuladores erigiendo grandes empresas mediante engaños, sin descuidar el viernes fatídico en la Bolsa de Nueva York. ¿Quizás un presagio?

Cuando acontecen horas feas (ugly times) en los mercados financieros -y en el caso del Banco Popular las horas se convirtieron en años-, siempre aparecen inversores dispuestos a tomar riesgo a bajo precio, buscando maximizar su inversión. La compra del Popular realizada por el Santander en ejecución de los instrumentos adoptados por la Junta Única de Resolución (JUR), como nueva autoridad de la Unión Bancaria Europea, y por la comisión rectora del Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria (el FROB) siguiendo sus instrucciones, por un euro representa una de las mayores catástrofes financieras de la historia reciente de la comunidad inversora en España. Esta operación también acredita que los mecanismos de supervisión prudencial de los organismos supervisores de la banca moderna no funcionan todavía adecuadamente. El riesgo de liquidez se había infraponderado y parece que también el seguimiento del riesgo de solvencia.

La JUR adoptó súbitamente una decisión drástica apoyada en un informe exprés realizado por un experto independiente que determinó que el Banco Popular tenía una valoración negativa, considerando que la entidad no podía hacer frente al pago de sus deudas o demás pasivos a su vencimiento. Todo ello, además, a la vista de la debacle bursátil de la cotización motivada por las continuas noticias lanzadas interesadamente a los mercados que originaron una retirada masiva de depósitos, la cual terminó por comprometer la liquidez de la entidad, que entró en situación de insolvencia. Solución: bail in, o recapitalización interna, pero con nuevo dueño. La JUR consideró que, en este caso específico, era conveniente que las pérdidas del Popular fuesen absorbidas por los titulares de acciones y deuda subordinada.