«Si no hubiese sido por Japón, estoy segura que D-due habría desaparecido»

Froján y Olmedo dicen que para los japoneses Galicia es el sitio donde futuro y pasado conviven en el mismo momento

«Si no hubiese sido por Japón, estoy segura de que D-Due habría desaparecido» Froján y Olmedo dicen que los japoneses, como los gallegos, dicen una cosa y luego hacen lo que les da la gana

redacción / la voz

Comienza la entrevista Rosario Froján con una explicación de cómo sus padres emigraron y a su vuelta montaron MRF, dedicada a la confección de faldas de mucha calidad. «Y el espíritu se mantiene hasta hoy. La calidad es el sello de la casa», dice en una conversación en la que cada explicación la acompaña con una sonrisa. Sin exagerar.

Pregunta. ¿Cómo nació D-due?

Rosario Froján. Detrás de las empresas siempre están las miserias familiares. Yo vivía en Italia y para que volviera me hablaron de montar una marca. Así empecé con D-due, de manera muy desorganizada. Hacía cosas especiales, de mucha calidad, con tejidos muy lujosos. Siempre con cierta ironía sobre el lujo, que fue el fondo de las colecciones. Empezamos con tiendas propias y a comercializar la marca. Necesitaba una persona y conocí a Alfredo, que viene del ámbito del diseño gráfico. Es imposible que haya alguien con el que me pueda entender tan bien. Llevamos 15 años juntos.

P. En Galicia parece que no están, pero sin embargo en Japón...

R. F. Normalmente el origen de las empresas es España. Cuando llegó la crisis profunda, nosotros ya teníamos un pie en la exportación, y esa crisis nos obligó a apostar más por ella. Las estrategias a veces son casualidades. Japón ya nos conocía, y su respeto a nuestra manera de trabajar no lo encontramos en ningún otro lugar. El precio de las prendas, que siempre es un límite, en este caso no lo era. El alma se podía comercializar. Fue muy importante encontrar un mercado que nos entendiera, que supiera valorar nuestra manera de hacer, y que nos dejase actuar como hacía Heidi: trabajar en la montaña y visitar la ciudad. Fue importante no tener que hacer concesiones.

P. Se puede resumir: coser en Rianxo y vender en Tokio.

R. F. Todo lo fabricamos aquí. HP France [la empresa con la que operan] viene a vernos. Les gusta ponerle cara a quién hace el producto, saber cómo se llaman.

P. ¿No se han planteado trasladar todo esto allí?

R. F. Creo que esto no se puede mover de aquí. Podríamos trasladarnos nosotros, pero los valores que hay aquí…. Los japoneses dicen que el trabajo que hacemos está muy ligado al lugar en el que estamos. Ellos nos dicen que Galicia es el único sitio donde el futuro y el pasado conviven en el mismo momento. Aquí no sabemos lo que tenemos.

Alfredo Olmedo. Es un aliciente trabajar para el mercado japonés, porque no es de consumo gratuito. Como creadores, irnos a Japón resulta muy atractivo. Pero es inviable. Nuestra estructura está aquí, y nuestro modelo lo hemos definido aquí.

P. ¿Dónde conocieron a HP?

R. F. En una feria. Les gustamos. Pero el mercado japonés es muy lento. Un gallego se entiende muy fácil con un japonés porque son muy parecidos. Nunca sabes lo que piensan. Dicen una cosa y luego hacen lo que les da la gana. Son muy desconfiados. Te juro que los japoneses se parecen mucho a los gallegos. Le dejamos la colección (a HP France) y empezamos a trabajar. En un momento dado conocimos al presidente de la compañía y él, a nivel personal, se entusiasmó. Nuestro crecimiento con ellos viene de su mano.

A.O. Cuando adquieres confianza, Japón es un mercado que se engrasa bien.

R. F. Cuando ellos tienen una trayectoria contigo y te ganas su confianza, te permiten alguna licencia. Allí encontrarte un alfiler es lo peor que te puede pasar en la vida. Aquí tenemos detectores de metales porque en los abrigos de lana se pueden colar alfileres. Nos pasó en una ocasión y acabamos enviándole flores al cliente. Le explicamos que nuestro trabajo es artesanal y que se trató de un error humano.

P. Son ustedes muy raros: confeccionan todo en Galicia.

R.F. Sí. En la fábrica de Rianxo somos 25 personas. Tenemos pequeños talleres, de tres o cuatro personas, a muy poca distancia que cosen para nosotros. Nuestro producto no puede entrar en una cadena de producción. Nuestro cosido no es industrial. Es muy delicado. Interviene mucho la plancha. Son procesos largos y lentos. Trabajamos con talleres pequeños que son como las modistas de los años 60.

A. O. Estos oficios están en vías de extinción. Nosotros bordamos. ¿Quién lo hace?

R. F. Con esta filosofía de empresa, si no hubiese sido por el mercado japonés, habríamos desaparecido. Seguro. La marca es pequeña, pero al mismo tiempo grande. La mayoría de los empleados llevan con nosotros entre 15 y 25 años. Solo se puede mantener D-due con un lujo alternativo, que es lo que tenemos. Comunicar esta filosofía en los mercados no resulta fácil. La gran suerte es haber encajado en el mercado japonés.

A. O. Nunca hemos desvirtuado el motor que arrancó el espíritu de la colección. Empleamos un lenguaje que expresa nuestras inquietudes y filias. Tenemos que crearnos un público, pero la colección no es masiva. Es para un público sensible, gente que le gusten las calidades, un poco excéntrica. Tiene matices. El objetivo sería conquistar nuevos clientes sin perder el alma de la empresa. Creo que hemos de tener más canales como el mercado japonés.

Detalles

Sanxenxo

D-due abrirá en Sanxenxo una tienda que estará abierta julio y en agosto. «Es una mentira de dos meses. Es casi un asunto sentimental». Para Froján y Olmedo, sus diseños son alternativos y se encuadran en «estilo de vida», dirigidos a un sector al que le gusta viajar, salir, pero que no consume moda.

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