Galicia agranda el milagro económico portugués llenando sus polígonos

Más de 300 pymes tienen sede en un país que repunta tras librarse del rescate

Principales empresas gallegas instaladas en Portugal Principales empresas gallegas instaladas en Portugal

vigo / la voz

Antes de ganar Eurovisión, Portugal ya se había quitado de encima otros muchos complejos ante Europa. De entrada, el de ser un país rescatado. Hace meses que la Comisión Europea contempla sorprendida lo que ya todos llaman el milagro portugués, el que lo sitúa en el punto de mira de todas las grandes inversiones que planean sobre el Viejo Continente. Hay datos que dan cuenta de ese momento dulce. El año pasado consiguió captar más de 900 millones de euros de inversión extranjera directa. Con Tesla merodeando por la Región Norte, el país vecino se ha convertido en un polo de atracción de capital extranjero en sectores punteros como el tecnológico (Siemens) o el aeronáutico (Embraer).

Y en esta pujanza de Portugal, el capital gallego -tan cercano geográfica e históricamente- está jugando un papel muy importante. Hay cifras y son sorprendentes. Se las ha puesto el Círculo de Empresarios de Ourense, que, en un informe a pie de campo, ha localizado más de 300 empresas gallegas instaladas en más de una veintena de polígonos industriales repartidos en la mitad norte de Portugal.

¿Qué clase de empresas? Pues según detalla el estudio, de todo tipo, pymes en su mayoría, con predominio de los sectores de alimentación, actividad turística, auxiliares de automoción, distribución, almacenamiento, manejo de mercancías y sector textil.

Dicen los empresarios que la clave de estas localizaciones está en los costes. Ese estudio detecta en el norte de Portugal una veintena de parques empresariales (23 en concreto) en un radio de 50 kilómetros desde la frontera con el sur de Galicia, con 7 millones de metros cuadrados de suelo industrial a un precio medio de 20 euros el metro cuadrado y en los que hay una ocupación de hasta un 50 % de pymes procedentes del otro lado de la raia.

Aliados y rivales

Es difícil competir cuando al otro lado de la frontera, en Galicia, el mismo metro cuadrado para empresas está a una media de 93 euros. Según el Instituto Galego da Vivenda e Solo, solo en la provincia de Pontevedra se cuenta medio millón de metros cuadrados libres, pero a un coste nada competitivo frente al que ofrecen los vecinos: el más caro se sitúa en Mos, a 180 euros el metro, y el más barato en Lalín, a 60 euros.

A lo anterior se suman salarios competitivos, mano de obra cualificada y buenas infraestructuras. Todo ello completa la combinación perfecta para que Galicia siga alimentando el milagro del despegue portugués... a costa de los propios intereses gallegos.

El caso de la automoción

Un ejemplo claro es la industria de componentes de automoción, un mercado en el que su competitividad está provocando más implantaciones que tenían como primer destino Galicia. Un ejemplo: en el año 2005, el número de auxiliares del grupo PSA que preside el portugués Carlos Tavares asentadas en el norte luso se reducía a 10. Hoy ya hay casi medio centenar a pleno rendimiento; de ellas, la mitad son de matriz gallega. Y su peso en los nuevos lanzamientos de la planta de PSA en Vigo pasará del 6 % actual al 25 %. Y mucho aún está por llegar: al menos 300 millones de euros confirmados, hasta el año 2020, en proveedores de automoción.

«Las condiciones son buenas, pero el precio del suelo es solo un factor, aquí la gente habla dos o tres idiomas»

.Óscar Rivas, socio y comercial de Industrias Trimar
Óscar Rivas, socio y comercial de Industrias Trimar

Pipeworks es una de las más de 300 empresas gallegas que apostó por Portugal para seguir creciendo. Esta auxiliar del metal, regentada por Rosalino López Castro y fundada en el 2005 en O Porriño -ahora con sede matriz en Tui-, está especializada en el prefabricado y montaje de tuberías. En este tiempo, además de mejorar sus instalaciones en Galicia, la sociedad ha levantado dos unidades productivas en el norte de Portugal, la primera en el 2007 y la segunda en el 2009, ambas en Valença. No solo le va bien allí, sino que se siente como en casa: sus instalaciones están rodeadas de vecinos gallegos. «Sigue aumentando el flujo de empresas que se vienen, porque las condiciones que se siguen ofertando son muy buenas», afirma el empresario, que aclara que «el precio del suelo, más competitivo, es solo un factor».

Para el dueño de Pipeworks, el factor humano es un gran condicionante a favor, y no solo por el coste más bajo de la mano de obra. «En Portugal todos los técnicos dominan el inglés, la gente habla dos o tres idiomas, no como nosotros», asegura.

Y mientras, la empresa sigue creciendo, con un nuevo centro de corte y curvado de tuberías que es el más grande del norte de España.

Otro caso de crecimiento al otro lado de la frontera: Industrias Trimar. Es una empresa familiar especializada en corte de chapa para los principales sectores industriales. Crece y se consolida gracias a que en el 2009 tomó la decisión de abrir una filial en Portugal. «Las empresas grandes se vienen por la mano de obra, nosotros lo hicimos por el suelo. En O Porriño, en donde está nuestra sede, no había posibilidad. Necesitábamos 20.000 metros. No los había, pero aunque así fuese, económicamente eran inaccesibles», explica Óscar Rivas, socio y comercial de la empresa, que insiste en recalcar que su decisión de instalarse en Valença fue por absoluta necesidad. «Somos una empresa española. Nos vimos obligados a venir para crecer, y con nuestras instalaciones, ahora tenemos asegurada capacidad de crecimiento para los próximos veinte años».

Al igual que otras muchas empresas gallegas instaladas en el norte luso, Trimar mantiene su sede en España, pero desvía toda su capacidad productiva a Portugal. «Subcontratamos la producción a la filial, pero la matriz española es la que factura», aclara. «Casi todos nuestros clientes están en España, pero Valença está muy bien comunicada y al lado de Porriño, a apenas 10 kilómetros de nuestra sede gallega».

El paro está en el nivel más bajo en 7 años, con los recortes en retirada

A finales de abril, el Instituto Nacional de Estadística luso situaba la tasa de paro por debajo del 10 % (17,4 % en Galicia) por primera vez en 8 años, el nivel más bajo desde el inicio de la crisis. El desempleo cayó un 18 % interanual en marzo, la mayor reducción en 28 años. El PIB creció en el 2016 un discreto 1,4 %, pero acumula trece trimestres al alza. Hace 15 días, el Gobierno del socialista Costa aprobó un programa de estabilidad que prevé una subida del 1,8 % para este año (9 décimas menos que España). No está mal para un país que estuvo cuatro años con las manos atadas por la troika (FMI, BCE y CE).

Dicen que estos números son mérito de Costa, un hábil negociador con Bruselas, capaz de sacar adelante medidas para distanciarse de la austeridad de Passos Coelho, que tuvo gestionar un rescate de 78.000 millones. Ha subido el salario mínimo con el compromiso de aumentarlo un 25 % en 4 años (no llega a 650 euros), más días de vacaciones y menos IVA para la restauración (el general sigue en el 23 %), y ha puesto fin al recorte salarial a los funcionarios y a la privatización de la aerolínea TAP.

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