Con la vista en la eólica marina gala

El futuro parque de Iberdrola en Francia abre nuevas expectativas a Navantia

Las «jackets» fabricadas por Navantia se encuentran ya en el parque alemán de Wikinger.
Las «jackets» fabricadas por Navantia se encuentran ya en el parque alemán de Wikinger.

berlín / enviada especial

Desde que se inició en la fabricación de componentes para la eólica marina, a finales del 2014, Navantia no ha quitado los ojos de este mercado. Tras culminar con éxito su primer contrato, llegado de la mano de Iberdrola con el encargo de fabricar 29 jackets -cimentaciones que sujetan los aerogeneradores en el mar- y a punto de finalizar el segundo, el de construcción de cinco superestructuras para un parque flotante en Escocia, está arrancando estos días un nuevo pedido, también para la eléctrica vasca. Son 42 cimentaciones, que sujetarán otros tantos molinos -en total contará con 102 máquinas- en el parque East Anglia One, en la costa este del Reino Unido. Así, el astillero de Fene, en alianza con la asturiana Windar Renovables, colocará sus componentes en aguas alemanas, británicas y escocesas; y más adelante en Finlandia, cuando lleve a cabo el pedido de cuatro jackets que le ha realizado Siemens.

Francia puede convertirse en el próximo país que le genera oportunidades en este mercado, ya que en su costa Iberdrola va a poner en marcha el parque de Saint-Brieuc. La empresa energética logró la autorización en el 2012, pero fue hace un mes cuando se produjo el hito que marca ya el punto de inflexión en su desarrollo, al recibir todos los permisos necesarios para la ejecución del proyecto. Tendrá 496 megavatios de potencia, que generarán 62 turbinas de 8 MW cada una. «Hemos estado realizando la ingeniería, la geotermia y toda la tramitación administrativa con las autoridades francesas. A partir de ahora tendremos que desarrollar la ingeniería de detalle del proyecto y contratar toda la cadena de suministro para poder ejecutarlo. El año que viene abriremos un concurso para elegir los suministradores», explica Álvaro Martínez Palacios, director de operaciones off-shore de Iberdrola. 

Aunque los responsables del negocio de la eólica marina en Navantia declararon recientemente que pelearán hasta por la última de las jackets en liza en el mercado, el proteccionismo de los distintos países a sus respectivas industrias no se lo va a poner fácil. 

El riesgo del proteccionismo

Como ya sucede desde hace años en el sector naval, las autoridades de aquellos estados en cuyas costas se están impulsando parques exigen la participación de sus empresas en los proyectos. «Nosotros buscamos la máxima competitividad, aunque el concurso francés obliga al desarrollo de una cadena de suministro local y estamos viendo cómo casar ambos objetivos», admite el directivo.

Las previsiones que maneja Iberdrola pasan por iniciar las obras de construcción de este parque en el 2020 y que entre en funcionamiento dos años después. En la comarca ferrolana, en la que un nutrido grupo de empresas del naval han realizado cuantiosas inversiones y procesos de homologación para trabajar en la eólica marina, una de las principales demandas que se ponen de relieve para el sector es la continuidad de las obras. Con los encargos en curso, la antigua Astano tendrá faena en la eólica marina durante los próximos quince meses para varios cientos de trabajadores. Gran parte de las expectativas de seguir ganando cuota de mercado se encuentran ahora en el país vecino.

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