«El GPS del mundo gira hacia Asia»

El gallego Juan Miranda deja la dirección del Banco Asiático de Desarrollo tras codearse con gobiernos de medio mundo. Regresa a casa después de 40 años de carrera internacional

JUANMIRANDAH

Salió de Busto, una aldea de Visantoña (Mesía, A Coruña) cuando apenas contaba 15 años, siguiendo los pasos de unos padres que ya se habían pateado Francia y Alemania y cuya siguiente etapa era el Reino Unido. «Soy un hijo de la emigración, como ahora lo son muchos jóvenes gallegos», dice. Está por ver si alguno de todos ellos llega hasta donde lo ha logrado él, Juan Miranda, uno de los economistas gallegos con mayor proyección internacional... pero a 11.800 kilómetros de distancia de su casa. Miranda, un desconocido en su tierra, es director general del Banco Asiático de Desarrollo, una entidad que opera como agencia regional de desarrollo con aportaciones privadas y públicas, y que mueve unos 30.000 millones de dólares al año, con 3.000 empleados.

España es un socio minoritario y hasta a él mismo le sorprende que un tipo de esta esquina de Europa se haya sentado en un lugar preferente de este organismo multilateral. Ha estado en dos etapas, la primera en los noventa y la otra desde el 2004. El 30 de junio, adelanta, deja su cargo y volverá a casa tras 40 años de trayectoria profesional internacional. «Añoro el Dépor y la familia, ¿o al revés?», dice con cierta retranca. «Pero también echo de menos el ruido del río Eume, los Ancares, el 25 de Xullo, la gaita...».

Su historia viene de lejos. En tiempo y espacio. Tras regresar sus padres a España, Miranda siguió en el Reino Unido, donde estudió Economía en la Universidad de Reading, especializándose en el mundo agrario. De ahí pasó a la redacción de The Economist, publicación de referencia en el mundo financiero. «Fui el primer gallego», dice con cierto orgullo. De ahí saltó ya al Banco Asiático de Desarrollo. Fue el primer español. Esa etapa en la organización se cerró en 1989 cuando le llamó «alguien a quien todo el mundo quería parecerse entonces, y de quien hoy todos reniegan: Mario Conde». Montó la delegación en Hong Kong de Banesto, el primer banco español que ponía una pica en Asia. Pionero de nuevo.

Duró poco. Vuelta a Londres para participar en el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, para cooperar con los países que dejaban la órbita de la URSS. Asentado en la capital británica, montó una firma privada de asesoramiento que terminó vendiendo a un gran grupo internacional. «Aquella fue mi primera experiencia como emprendedor». No le salió nada mal. A partir de junio espera repetir: cuando deje la dirección general del Banco Asiático montará una firma similar para ayudar a empresas españolas a asentarse en Asia. Su sede pivotará entre A Coruña y Barcelona (tiene residencia en ambas ciudades, por motivos familiares). «Alvedro e Iberia me lo van a agradecer», dice de nuevo tirando de retranca.

Porque, dice, tiene claro que «el GPS de la economía, y del mundo en general, está girando hacia Asia, este va a ser su siglo». Y «las empresas gallegas no se pueden poner de lado, es una oportunidad muy grande en un continente muy grande. Y no estamos solo hablando de China», explica. Cuenta, por ejemplo, las oportunidades que se abren en infraestructuras o saneamiento, para las empresas de alimentación o textiles, en la India, Indonesia, Camboya, Vietnam o Filipinas, donde ha vivido casi todo este tiempo. Conoce todos esos territorios de primera mano («es más fácil que te diga dónde no he estado que los países que he pisado, acabaríamos antes»), a Administraciones de medio planeta, y ve a España, y a Galicia, muy bien situados, incluso como puente entre Asia y América. «No sabes lo que enorgullece ver cómo se abre una tienda de Inditex y ver a gente con acento gallego trabajar para montarlas. Sabemos hacer bien las cosas», remata.

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