La banca pone a salvo Pescanova y borra del accionariado la era Sousa

La ampliación de capital de 340 millones diluye la inversión de 9.000 minoritarios

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vigo / la voz

Pescanova está a salvo. Su futuro, tras la quiebra, se despejó cuando la gran banca acreedora apostó por su viabilidad, en lugar de llevarla a la liquidación. Su entrada en el capital de la empresa fue la tabla de salvación, pero faltaba fuelle para remar. Este llegó ayer, por fin, con la ampliación de capital por valor de 340 millones de euros.

Mediante el canje de deuda por acciones, el denominado G7 (Caixabank, Sabadell, Popular, Abanca, BBVA, Bankia y UBI) pasará a controlar el 65 % del capital de la nueva Pescanova. Con la suma de la banca extranjera (el HSBC, que tenía un 8,9 %, pasa al 12 %), los socios financieros tendrán el control del 75 % de la compañía, que ayer elevó su capital social a 147 millones de euros (antes de la ampliación era de poco más de 123 millones).

El reparto de la participación sitúa a Banco Sabadell como primer accionista, con casi una cuarta parte de Pescanova, seguido de Caixabank. Además de los bancos, entre los socios figuran algunos fondos, como el luxemburgués Barendina, que también tiene acciones en otros grupos (como la cadena hotelera NH) y que figuraba ya como acreedor.

El mapa accionarial se completa con un 13,5 % que está en manos de un centenar de pequeños bonistas de la vieja Pescanova.

La peor parte se la llevará el accionariado de la vieja sociedad Pescanova S.A., que se ha quedado automáticamente diluida del capital, al pasar del 20 al 1,7 %. 

Adiós, vieja Pescanova

La sociedad de cartera anunció ayer que cumplirá el mandato de sus accionistas y litigará con la gran banca para impugnar la ampliación, conscientes de que es una estrategia de alto riesgo, ya que sus recursos económicos son prácticamente nulos (no genera ingresos propios y su cotización lleva 4 años suspendida por la CNMV).

Sería, en todo caso, un proceso judicial largo, que poco o nada puede hacer por los más de 9.000 minoritarios cuya inversión ha quedado devaluada prácticamente a cero.

Con la práctica extinción de la era Fernández de Sousa de su capital, la nueva Pescanova encara el futuro a corto plazo -el plan de negocio tiene un horizonte esbozado hasta el 2020- con buenas expectativas de negocio y crecimiento. El presidente del grupo, Jacobo González Robatto, lo expresaba ayer así, tras la junta que activó la ejecución de la ampliación de capital. «Es la segunda vez que, literalmente, salvan este grupo y la responsabilidad que asumimos todos los que formamos Nueva Pescanova para responder a esa confianza es enorme», afirmó.

El grupo emplea en estos momentos a más de 12.000 personas y opera en 27 países de cuatro continentes, aunque vende sus productos en más de 80. Aunque, con la capitalización ya formalizada, aspira a más: «Pescanova podrá seguir con su plan estratégico, proceder a la necesaria renovación de la flota pesquera, modernizar las plantas de producción para ganar eficiencia e impulsar un centro tecnológico de I+D+i pionero en el sector, el Pescanova Biomarine Center», explicó la empresa. 

Un par de obstáculos

La estrategia para los próximos cuatro años apunta a una inversión de 125 millones de euros, de los que 65 irán destinados a gastos de mantenimiento de la compleja infraestructura de grupo.

Paralelamente a la inversión, la rentabilidad de Pescanova en el horizonte del 2020 está supeditada a la aplicación de una reestructuración organizativa, cuya puesta en marcha ya comenzó hace unos meses, pero que se intensificará a lo largo de este 2017. Y es ahí, precisamente, en donde el grupo tiene en estos momentos su mayor dificultad, en la negociación colectiva, enquistada desde hace meses.

El segundo obstáculo, para la imagen, será el juicio a los antiguos responsables de la firma, con una veintena de imputados.

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