Arrecian las críticas al BCE por politizarse en exceso, y le piden que deje la troika

La ONG Transparencia Internacional cree que la autoridad monetaria se extralimitó durante la crisis del euro


madrid / colpisa

Dos de las principales instituciones de la arquitectura de poder en la Unión Europea atraviesan uno de los momentos más bajos en su prestigio, al menos de cara a la opinión pública. En este sentido arrecian las críticas contra el Banco Central Europeo (BCE) por politizar en exceso sus decisiones mientras que al Eurogrupo se le reclama desde distintas instancias que se repiense la continuidad del lenguaraz Jeroen Dijsselbloem como presidente.

En lo primero, la organización no gubernamental (ONG) Transparencia Internacional publicó ayer un informe donde concluye que el supervisor bancario europeo se habría extralimitado en sus funciones durante los últimos años, llegando a tomar decisiones de cariz «político», pero sin el «escrutinio adecuado». Y como ejemplo señala que «en el punto más alto de la crisis de Grecia en el 2015», limitó «en varias ocasiones» el techo de liquidez de emergencia (ELA) para sus bancos pero «sin anunciarlo públicamente».

«Sus poderes discrecionales le permitieron presionar a los bancos griegos mientras negociaba las reformas con el Gobierno heleno» como parte del grupo «de acreedores institucionales» -la conocida como troika, que integran el BCE, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI)-, reprocharon desde la ONG. Sus responsables ven ahora el riesgo de que se repita la misma estrategia en las próximas conversaciones con Grecia o en la recapitalización del banco italiano Monte dei Paschi di Siena, en la que el supervisor bancario debe fijar aún varios criterios que deberá aceptar el Ejecutivo de Roma.

Desde el consejo del gobierno del BCE, no obstante, defienden su comportamiento. Según uno de sus miembros, Benoit Coueré -presente en la presentación del informe de Transparencia-, «de no haber impuesto condiciones [de liquidez a la banca griega] habríamos incumplido precisamente nuestro mandato». «Habríamos estado haciendo -continuó- algo que el Eurogrupo había decidido no hacer… Y eso habría sido políticamente incorrecto», insistió.

La citada oenegé cree, en cualquier caso, que «el papel del BCE es más indispensable que nunca». El problema, puntualiza, es que «su activismo ha ido más allá del papel que le otorgaba la arquitectura institucional de la zona euro». A este respecto advirtió de que su «elevado intervencionismo» hace necesario que tenga que someterse «a un mayor control democrático».

Por ello, añade en su informe, el supervisor bancario debería pasar a tener un papel secundario en la llamada troika, e incluso salir de esta, al estimar que no debería tener un papel formal en la negociación y vigilancia posterior de las condiciones para recibir un rescate.

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