La subida de los productos de la huerta mantiene el IPC por encima del 3 %

La fuerte escalada de la cesta de la compra neutraliza la rebaja en el recibo de la luz

Variación anual del IPC por sectores en Galicia Variación anual del IPC por sectores en Galicia

redacción / la voz

Los precios no dan tregua. Cuando no es en el recibo de la luz, es al llenar el depósito; aunque, en las últimas semanas, el mayor golpe al bolsillo llega a la hora de hacer la compra. Los datos difundidos ayer por el INE confirman que la inflación sigue disparada, con un crecimiento anual del 3 % en febrero, el mismo nivel que el mes anterior y el dato más alto desde octubre del 2012. En Galicia, el incremento del IPC es todavía más acusado, del 3,3 %, una décima más que en enero.

Y eso a pesar de que el mes pasado bajó, y con fuerza, el recibo de la luz. El cambio de las condiciones meteorológicas, con más lluvias y viento, favoreció la generación de renovables y abarató casi un 12 % la electricidad en febrero. Algo parecido pasó con los combustibles, cuyos precios se estabilizaron: la gasolina subió levemente, un 0,4 %, y el gasoil, por contra, cayó un 0,2 %.

Y entonces ¿por qué no baja el IPC? En primer lugar, porque tanto el precio de la electricidad como el de los carburantes -dos productos que suponen entre ambos casi un 10 % de la cesta con la que se calcula la inflación- siguen muy por encima del que marcaban en febrero del 2016. La luz cuesta ahora un 19 % más que hace doce meses, y los carburantes, otro tanto, un 18 %.

A esto hay que añadir otro factor que dispara el índice de precios: el encarecimiento de los productos de la huerta tras la ola de frío de enero, que arruinó muchas cosechas e incrementó el coste de la cesta de la compra. Si legumbres y hortalizas cuestan en Galicia un 18 % más que en hace un año, también han subido las frutas frescas (8 %) y las patatas, que en plena crisis de la polilla suben más del 13 % en la comunidad, casi el doble que en el resto de España.

El grupo de alimentos y bebidas no alcohólicas es el que más contribuye a inflar el IPC, junto con el del transporte (en el que se incluyen los combustibles). Subidas que neutralizan la bajada del epígrafe de vivienda por el abaratamiento de la electricidad.

Una situación coyuntural

De hecho, el IPC subyacente (que excluye del cómputo los productos energéticos y los alimentos frescos) se situó en febrero en el 1 % anual, lo que refuerza la idea de que la inflación volverá a tasas mucho más bajas cuando el precio de los carburantes se estabilicen durante unos meses. En esa línea, Funcas rebajó en dos décimas su previsión de IPC para final de año, pronosticando que la tasa cerrará diciembre en el 1,3 % si el crudo se mantiene estable.

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