La UE prepara su asalto a la era de los robots

El Parlamento Europeo exige que se regule la actividad de las «personas electrónicas»

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bruselas / corresponsal

«La inteligencia artificial podría significar el fin de la especie humana». Quien lanza la señal de advertencia no es otro que el astrofísico británico Stephen Hawking. El miedo casi ciego a lo que el desarrollo de la robótica avanzada puede traer a nuestras sociedades no se limita a los expertos. El Parlamento Europeo se mostró esta semana preocupado por la posibilidad de que «a largo plazo la inteligencia artificial llegue a superar la capacidad intelectual humana». Sin un sistema de control adecuado no sería descabellado imaginar un escenario de guerra entre especies. 

Aunque ese episodio pertenece todavía al mundo de la ciencia ficción, la Eurocámara quiere evitar conflictos a consecuencia de la irrupción de los androides en el mercado laboral, en la vida familiar o en el sistema sanitario. Este miércoles dará luz verde en el pleno a una iniciativa para exigir a Bruselas que legisle en torno a la actividad de estas «personas electrónicas» para garantizar que la humanidad estará protegida durante el asalto a la nueva era de la robótica. «Esta legislación es para hacer la vida mejor a los seres humanos, no a los robots», aclara la eurodiputada luxemburguesa Mady Delvaux, responsable del informe.

Su advenimiento es irreversible y, en muchos casos, necesario. Europa calcula que para el 2025 el 20 % de sus ciudadanos tendrán más de 65 años. Un gran volumen de población envejecida que necesitará asistencia de una masa laboral cada vez más estrecha. La automatización del trabajo sigue su tendencia al alza por las mejoras que imprime en terrenos como el de la eficiencia energética, la optimización de la agricultura o la teleasistencia a personas dependientes. Del 2010 al 2014 las ventas de robots aumentaron una media del 17 % por año y es la industria electrónica la que está generando el mayor número de ofertas de empleo. La Comisión Europea calcula que hasta el 2020 necesitarán cubrir 825.000 puestos de trabajo en el terreno de las TIC

Pero ¿qué pasa si se rebelan? Existe un riesgo real de que los androides con capacidad para el autoaprendizaje desarrollen habilidades fuera del control de los humanos. Para evitar que la vida de las personas corra peligro, el Parlamento Europeo exige que los fabricantes habiliten un botón de apagado automático en cada androide que comercialicen. También piden que habilite un marco para la rendición de cuentas a fin de saber quién es el responsable de cualquier accidente o daños en los que esté involucrado un androide o un vehículo autónomo, la elaboración de un registro y clasificación de robots, la creación de una agencia para el seguimiento de la industria y el asesoramiento, reglas para proteger la intimidad y los datos que utilizan los robots para mejorar la eficiencia del servicio, y medidas para evitar un uso «perverso» de las máquinas (cyborgs militares, por ejemplo). 

Países como Estados Unidos, Japón, China y Corea del Sur ya han dado pasos para regular la intervención e interactividad de los androides en el entorno humano. Lo que todavía no se ha hecho es un análisis del futuro de la industria y los sistemas de protección social. España solo invierte el 1,24 % del PIB en I+D+i. Dinamarca, un 4 %. Las restricciones presupuestarias y la falta de visión política pueden dejar al país rezagado en la carrera de la que está llamada a ser la cuarta revolución industrial.

«Estamos al principio de una revolución tecnológica increíble [...]. El mundo va a ser mecanizado. El Internet de las cosas influirá en nuestro día a día», advierte el director del Centro español de Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), Francisco Marín, quien alberga dudas sobre la capacidad del país de situarse a la vanguardia en la nueva era robótica. «No hay falta de talento, pero nuestro tejido industrial es el que es. Las compañías del Ibex tienen poco peso industrial, que es donde se desarrolla la tecnología más avanzada», apunta. Y ¿qué pasará con los puestos de trabajo? ¿Habrá despidos masivos? La Eurocámara admite que así será: «Es probable que los empleos menos cualificados en sectores intensivos en mano de obra sean más vulnerables a la automatización», asegura en un informe en el que alerta de las consecuencias que puede traer la implantación de la robótica en las fábricas en un entorno de «crecientes fracturas sociales» y concentración de riqueza y poder «en manos de una minoría».

El conflicto está servido

Para evitar guerras luditas en pleno siglo XXI, el Parlamento Europeo exige a la Comisión que estudie la transformación del mercado de trabajo y sopese la introducción de una renta básica mínima para todos los ciudadanos.

El objetivo es garantizar la sostenibilidad de los sistemas de seguridad social y de redistribución de los ingresos para que nadie quede excluido. El sistema de bienestar, gravemente herido durante todos estos años de crisis, es otra de las joyas que se quieren blindar. Y es por ello por lo que los eurodiputados proponen estudiar la posibilidad de someter el trabajo de los robots a impuestos o recaudar una tasa por el uso y mantenimiento de cada androide «a fin de mantener la cohesión social y la prosperidad».

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