La vida de los exdirectivos de Novacaixagalicia en la cárcel: «Son tres presos más, que pasan desapercibidos entre los demás»

Manoli Sío Dopeso
m. sío dopeso VIGO / REDACCIÓN

ECONOMÍA

CAPOTILLO|Capotillo

Pego y Estrada están en la misma celda, mientras que Gayoso comparte la suya con otro reo; los tres en el módulo 9 de A Lama

20 ene 2017 . Actualizado a las 07:29 h.

Las primeras 48 horas son las más difíciles para cualquier persona que ingresa por primera vez en una prisión.

Los tres exdirectivos de Novacaixagalicia Julio Fernández Gayoso, José Luis Pego y Óscar Rodríguez Estrada se encuentran en pleno proceso de integración en el centro penitenciario de A Lama (Pontevedra) desde que el pasado lunes la Audiencia Nacional decretara su entrada para cumplir los dos años de privación de libertad a los que fueron condenados.

No ha habido circunstancias especiales en su ingreso, como la activación de protocolos por motivos de salud por edad avanzada o problemas psicológicos (medidas antisuicidio) que les habrían permitido pasar al menos la primera semana en la enfermería, sin contacto con los demás presos.

Los tres están instalados en el módulo 9, también llamado módulo de respeto, que se diferencia en que sus ocupantes son delincuentes sin causas graves, que cumplen condenas cortas, «gente, en general, con buen comportamiento», explican quienes conocen el día a día en A Lama.

Compañeros de módulo

Pego y Rodríguez Estrada son compañeros de celda, mientras que Fernández Gayoso comparte habitación con otro compañero interno (ajeno al proceso de las cajas).

Su jornada arranca a las 8 de la mañana, hora en la que los funcionarios de A Lama los convocan para el recuento. Luego tienen 30 minutos para ducharse en sus respectivas habitaciones y bajar a desayunar con el resto de los presos del módulo.

«Su integración en el centro transcurre con absoluta normalidad», relatan testigos de su estancia en prisión. «Están bien, son tres presos más que pasan desapercibidos entre los demás compañeros de módulo», relatan.

Después del desayuno, comienzan las actividades y la vida en zonas comunes. Son tareas voluntarias. Los exdirectivos de momento dedican ese tiempo a caminar, conversar y a la lectura en la biblioteca del módulo, adonde cada mañana llega un solo ejemplar de un periódico que deben compartir entre todos.