Le Pen inquieta a la plantilla de PSA-Vigo al proponer llevar la producción a Francia

Los sindicatos ven poco menos que imposible la amenaza de la ultraderecha francesa


vigo / la voz

La amenaza realizada ayer por la candidata del partido ultraderechista francés Frente Nacional, Marine Le Pen, de que si llega al Gobierno recuperará la producción de vehículos que las principales multinacionales del país realizan fuera, entre ellas el Grupo PSA, ha puesto en alerta a la plantilla de la planta de Vigo.

Coinciden los sindicatos en que la preocupación no es tanto por que pueda hacerse efectiva la promesa, cosa que ven «poco menos que imposible», sino por que cunda este tipo de políticas, que lo que harían sería echar por tierra el espíritu de la UE. «Sería una mala noticia para el conjunto de Europa», según UGT, cuyo portavoz recuerda que una de las inquietudes que reiteradamente ha venido planteado es que los centros de decisión no solo de PSA, sino de todas las constructoras, estén fuera de España.

Por su parte, desde CC. OO. dicen asistir con preocupación al resurgir de la extrema derecha y a las consecuencias que tiene en las políticas sociolaborales. «De manera especial nos inquietan las amenazas que dentro de Europa nos acechan con medidas propias del fascismo más rancio», aseguran, al tiempo que envían un «mensaje de tranquilidad» a la plantilla de la factoría de Vigo: «Su calidad en el desarrollo industrial está por encima de cualquier tipo de acción coactiva».

La CIG no le da «a menor importancia» a las declaraciones de Le Pen, que tilda de «loucura propia da campaña. A dereita sempre apostou por isto», afirma la central nacionalista, que sostiene que «aínda que cotice en Madrid, PSA é unha empresa galega. Só polo custo que suporía, levar a produción sería unha estupidez».

Tanto la dirección de la fábrica como los responsables del clúster de la automoción han preferido no valorar las palabras de Le Pen, en tanto que Asime, la patronal del metal, afirma que si bien es cierto que podrían verse afectados «nuestros intereses por dirigentes que buscan una rentabilidad política inmediata, no lo es menos que debemos confiar en que las multinacionales actúen según los parámetros lógicos de dirección empresarial».

Para el conselleiro de Industria, Francisco Conde, «o futuro de PSA en Vigo está cimentado no saber facer dos seus traballadores, así como no presente da industria de compoñentes. Decisións como as anunciadas os últimos días en EE. UU. non serían entendibles no marco da UE».

PSA Vigo, que inició su actividad hace 58 años y que en el 2016 fabricó 424.000 vehículos, no solo es la segunda empresa de Galicia por volumen de facturación, sino también el principal pulmón de empleo en el sur de la comunidad, con 5.000 puestos directos, a los que hay que añadir los 13.000 de la industria auxiliar. La reciente adjudicación de dos nuevos modelos deberían garantizar una década sin sobresaltos.

Los populistas se miran en el espejo de Trump

La política proteccionista que Marine Le Pen quiere implantar en Francia es la misma que, antes incluso de llegar al Despacho Oval, ha empezado a aplicar Donald Trump en Estados Unidos. A golpe de tuit, el magnate ha conseguido marcar la agenda a las principales corporaciones de la automoción. Es el caso de Ford que, ante la amenaza de una subida de aranceles a la importación de vehículos producidos en México, anunció la semana pasada que cancelaba una inversión prevista de 1.600 millones en una fábrica en el país vecino y que, a cambio, potenciaría su planta de Míchigan, donde volverá a ensamblar algunos de sus modelos estrella, como la camioneta Ranger o el Bronco.

Una inversión que se sumará a los 1.000 millones que inyectará Fiat Chrysler para repatriar la producción de ciertos modelos y crear dos mil empleos en Míchigan y Ohio, dos estados que fueron claves en la victoria de Trump en noviembre.

Las amenazas del presidente electo llegaron también a la nipona Toyota, que anunció ayer su intención de invertir hasta 10.000 millones de dólares en Estados Unidos en cinco años, un gesto de diplomacia económica para calmar los ánimos del próximo mandatario, indignado por sus planes para ampliar su capacidad productiva en México.

Pero hay quien se resiste a pasar por el aro. General Motors ha anunciado que mantendrá su actual esquema de producción y la patronal de la automoción mexicana advirtió ayer de que recurrirá ante la Organización Mundial del Comercio cualquier incremento abusivo de los aranceles.

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