Ford se rinde al proteccionismo

Francisco Espiñeira Fandiño
F. ESPIÑEIRA REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

© Victor Fraile

Las amenazas de Trump de castigar con impuestos a la firma por trasladar su fábrica a México crean un nuevo orden

05 ene 2017 . Actualizado a las 00:46 h.

Eran muchas las voces que creían imposible una involución total en la era de la globalización, pero Donald Trump ha echado mano de la parte más profunda de la historia de su país y ha adaptado a los nuevos tiempos una vieja doctrina que parecía olvidada: «América para los americanos». En aquel lejano 1823, los presidentes Monroe y Quincy Adams popularizaron aquel mensaje como un aviso a las potencias europeas que peleaban por las colonias del nuevo continente. Se popularizó con el nombre de «doctrina Monroe» y evolucionó a lo largo de la historia con nuevos matices aportados por estadistas como Woodrow Wilson o Ronald Reagan, modelo este último en el que se inspiran algunas de las medidas económicas del nuevo equipo de Trump.

¿Cuál fue la amenaza del nuevo Gobierno?

Durante la precampaña electoral, Donald Trump acudió a una factoría en el estado de Indiana que había amenazado con despedir a más de cuatrocientos trabajadores para trasladar la producción a México y abaratar costes. El magnate se puso a la cabeza de las protestas de los trabajadores y logró el compromiso del dueño de la firma de anular el traslado. Esbozó entonces por primera vez el mensaje de subir los impuestos a las compañías que vendieran en Estados Unidos, pero que cerraran sus centros de producción para trasladarlos al extranjero. Lo mismo dijo en Detroit, la antigua capital de la industria automovilística, en bancarrota desde hace más de un lustro. El 1 de diciembre del pasado año, apenas tres semanas después de la victoria en las urnas, volvió a Indiana y repitió la amenaza: las firmas que deslocalicen tendrán que pagar un 35 % más de aranceles para vender en Estados Unidos.

¿Cambió de idea Ford de forma voluntaria?

Ford dispone de más de medio centenar de plantas repartidas por los cinco continentes, una de ellas en España, en las afueras de Valencia. La mitad de esas factorías están radicadas en Estados Unidos. La multinacional pretendía invertir 1.600 millones de dólares en reforzar una de sus plantas en México. La advertencia de posibles recargos económicos, que haría menos competitivos sus coches, y la mediación del futuro vicepresidente, Mike Pence, desembocaron en una solución de consenso. Oficialmente, Ford destinará menos de la mitad de la inversión inicial, unos 700 millones de dólares al desarrollo del coche eléctrico en Míchigan. Habrá que ver si en el futuro hay algún tipo de compensación no aclarada por parte de la Administración Trump o si es el inicio de un repliegue de la estrategia de producción de uno de los grandes gigantes del automovilismo mundial.