Montoro ha aplicado una subida fiscal de 13.500 millones en solo cinco años

La última reforma busca ingresar 4.800 millones adicionales para enjugar el déficit

Impacto de los cambios tributarios Impacto de los cambios tributarios

redacción / La Voz

Cristóbal Montoro ha iniciado su tercera legislatura al frente del Ministerio de Hacienda (ya ocupó el sillón en el último mandato de Aznar, del 2000 al 2004) de la misma manera que la anterior: con una subida de impuestos imprevista y negada reiteradamente durante la campaña electoral. Sus registros, que ya no tenían comparación con ningún otro Gobierno de la democracia española, van a más: solo en estos cinco años, sus políticas fiscales se han traducido en una carga adicional de 13.500 millones para el bolsillo de los españoles.

Porque este seguidor de Laffer, que cuando estaba en la oposición defendía con ahínco la teoría de que una rebaja de impuestos conseguiría elevar la recaudación, al dejar más dinero disponible para que empresas y ciudadanos pudieran gastar, aplicó la política contraria nada más llegar al poder: estableció un gravamen adicional en el impuesto de la renta (bajo el eufemismo de recargo temporal de solidaridad) que incrementó en casi 5.000 millones de euros la factura del IRPF; elevó los tipos del IVA para recaudar 8.000 millones más y endureció el impuesto de sociedades, limitando deducciones, amortizaciones y obligando a las grandes empresas a realizar pagos por adelantado tomando como referencia su resultado contable, sin tener en cuenta la base imponible real.

Estas medidas, junto al otro medio centenar de subidas fiscales aprobadas en la primera mitad de la pasada legislatura, elevaron en más de 23.200 millones la carga tributaria en tres años: del 2012 al 2014. Y, aunque ni por esas había conseguido cuadrar el déficit (España gastó 61.319 millones más de los que ingresó en el 2014), el Ejecutivo decidió rebajar impuestos apenas unos meses después, en vísperas de las elecciones. Una rebaja que se tradujo en un ahorro de casi 8.000 millones y que demostró que, al menos en la España de la poscrisis, la curva de Laffer está lejos de probarse: al bajar los tipos de uno de los impuestos clave del sistema, en este caso el IRPF, la recaudación se resintió.

De hecho, los ingresos tributarios totales se quedaron el año pasado por debajo de lo presupuestado, con un desfase de más de 4.000 millones (entraron en caja 182.000 millones, aunque Hacienda había previsto 186.000). Claro que eso tampoco es una novedad: en sus últimos cinco años al frente del ministerio, Montoro no ha conseguido atinar ni un solo ejercicio en las previsiones de ingresos, con desvíos de hasta 9.000 millones en el 2013.

Una vez comprobado el agujero abierto en las cuentas públicas (agravado este año con la entrada en vigor de la segunda fase de la rebaja fiscal), y con la amenaza de una multa de Bruselas sobre la mesa, el Gobierno ha vuelto a tomar el camino fácil para enderezar la situación: revertir parte de la reforma anterior y subir de nuevo los impuestos, con un paquete de medidas con las que pretende ingresar 4.800 millones adicionales, principalmente por la vía del impuesto de sociedades, al obligar a las empresas a adelantar parte de sus beneficios para corregir los desequilibrios en las cuentas públicas.

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