«En España se ha perdido el miedo a ser emprendedor»

Este consultor ensalza la capacidad de reinvención de las empresas españolas durante la crisis


redacción / la voz

Es doctor en Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid y su trayectoria profesional está repleta de experiencias -asesor de empresas del Ibex, profesor y consultor independiente dentro y fuera de España- que avalan su dilatado recorrido entre el mundo académico y la empresa durante casi 25 años. Como profesor del Executive MBA de Afundación, estuvo ayer en A Coruña para exponer las nuevas claves del liderazgo empresarial.

-La crisis económica ha cambiado muchas cosas, ¿también el modelo para liderar una empresa?

-El negocio ahora está en función del cliente real. Las compañías se preocupan de factores como la capacidad para fidelizar, vincular y captar clientes y provoca que, para manejarlos, porque son la base de la rentabilidad, tiene que crecer la calidad del servicio. Hoy, la mayoría de los consumidores del mercado ya descuentan la calidad del producto, lo que sí quieren saber es si toda la cadena de valor de una compañía es capaz de mantener una calidad de servicio que le haga sentirse contento. Para que eso funcione hay un factor crítico, y es que las personas que trabajan en una empresa no pueden visualizar la calidad como una métrica y quizá por ahí cambien los procesos de liderazgo y se pase de uno impositivo (auspiciado por el carisma) a otro en el que el ejemplo es determinante. El ejemplo es la capacidad que se tiene para influir en los demás. Para conducir un equipo hacia un objetivo común en el que se beneficie todo el mundo, que genere un sentimiento de orgullo. Ser coherente, auténtico y contar con los intereses de los clientes son la clave de la rentabilidad.

-A la crisis se añade la irrupción de la robotización en la industria e Internet en los procesos de comunicación con el cliente.

-El sector de la distribución, por ejemplo, ya ha vivido grandes procesos de cambio desde los años 80. Primero llegaron las grandes superficies, luego las grandes cadenas especializadas y, por último, Internet. Lo que mantiene a los pequeños es un modelo de negocio único, diferencial, y lo fundamental es que dentro de cinco años no se sabrá quiénes serán los competidores. La industria, la empresa, el comercio están acostumbrados a saber manejar competidores; a lo que no se está acostumbrado es a lo que no existe. De ahí que la sociedad requiera de líderes visionarios.

-¿Y cómo se forman líderes visionarios?

-Dejando que sus instintos salgan adelante, vayan más lejos. Tienen que ver y sentir lo que el resto no ven. Tenemos que tener fuerza como país para percibirlo. Como manejar lo intangible. Y ello requiere un esfuerzo enorme, incluso por parte de las fuentes de financiación.

-¿Y esa dinámica de cambio funciona en España?

-Ese cambio ha sido monumental. La capacidad de creación de la pequeña y mediana empresa en España, en los últimos 15 años, ha sido verdaderamente increíble. En el 2010 España tenía 72.000 pymes exportadoras, en el 2016, 158.000. Se han duplicado en pleno proceso de crisis y ello tiene que ver con un concepto muy antiguo: hacer de la necesidad virtud. Si el mercado interno se descompone, el externo tiene que dar la solución. Hubo un ajuste salarial muy fuerte que ha mejorado la capacidad exportadora, y ahora las revisiones salariales han de relacionarse con la productividad. Tenemos gente muy preparada y muy formada. Hoy en día, un 40 % de los titulados universitarios quieren ser emprendedores, se ha perdido el miedo. La transformación viene por la necesidad, después de situaciones críticas. Y esto es lo que ha ocurrido en este proceso de cambio. Internet también ha roto la dictadura de la distribución y ha creado otro modelo de negocio.

-¿Se corre el riesgo de una involución?

-El libro El cisne negro, publicado hace unos años, decía que teníamos que acostumbrarnos a vivir con el impacto de lo improbable, y este año hemos tenido un puñado de cisnes negros. Nos conducen a la incertidumbre, con la que cuesta convivir. Nos educaron en tres factores: Estado poderoso, familias unidas y trabajos para toda la vida. Y todo eso cambió.

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