El directivo depredador siempre hace sufrir

Los directivos más humildes son los que están más sanos; mientras que los orgullosos y soberbios, por no escuchar, hacen daño a los demás y se lo hacen a ellos mismos

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sofia.vazquez@lavoz.es

El feelings management es un modelo de organización empresarial en el que priman la inteligencia, la voluntad y los sentimientos frente a los recursos, la masa laboral -trabajadores, en una palabra-, característicos del denominado modelo máquina. En el primero «lo más importante se relaciona con los dictados del corazón aunque, eso sí, siempre informado por la razón». Así lo explica Javier Fernández Aguado, director de la cátedra de Management Fundación La Caixa en IE Business School, quien defiende que las organizaciones logran más o menos objetivos si los equipos son más o menos optimistas y están más o menos involucrados con los proyectos.

El experto y diseñador del feelings management, que parte de que nadie, ni persona ni organización, pueden vivir sin reconocimiento, es consciente de que cada uno de los miembros de la plantilla de una empresa tiene que venir motivado de casa y no esperar que le resuelvan los problemas en la oficina, pero advierte también que «la primera labor de un directivo no puede ser desmotivar a su equipo».

Fernández Aguado, que ha trabajado para más de 500 organizaciones en 50 países del mundo, ha escrito frases para la reflexión:

-Gestionar los sentimientos reclama talento.

-Séneca aseguraba que nunca ha existido un genio sin cierto grado de locura.

-El talento no es una mera cuestión de racionalidad, sino que tiene mucho que ver con la personalidad. Dentro de esta, el peso de los sentimientos es clave

-Que las personas con quienes trabajamos desarrollen potencialidades no depende exclusivamente de nosotros, pero sí también de nosotros.

-El querer no se puede aprender. No al igual que la lógica, pero sí puede cultivarse desde la perspectiva que incluye la formación de la persona en conjunto.

-El arte de motivar consiste en agradar y convencer. Hay que emplear los sentimientos en la mejora de los resultados de las organizaciones.

El experto, que ha vertido sus conocimientos en empresas como Siemens, Movistar, Banco de Santander, La Caixa, Mapfre, BBVA, Pemex y Ericsson, entre otras, mantiene que los directivos que no logran un equilibrio vital (sentimientos, forma de vida, actuaciones, etcétera) «rompen. Sufren y hacen sufrir tanto a su entorno personal como al profesional». Fernández Aguado habla de «depredadores de la cuenta de explotación que piden más y más a costa de lo que sea». Suelen ser los directivos más humildes «los que están más sanos. Los orgullosos y soberbios, por no escuchar, hacen daño a los demás y se lo hacen a ellos mismos».

Para que una empresa avance, sus gestores deben «sembrar ilusión» a través de una política retributiva adecuada, disponer de planes de carrera reales, tener una política de incentivos eficaz y disponer de RSC (responsabilidad social corporativa). ¿Y qué ocurre con los empleados no motivados? Para contestar a esta pregunta, el profesor recuerda otra que le hicieron al papa Juan XXIII: «¿Cuánta gente trabaja en el Vaticano?». «Aproximadamente la mitad», contestó. Nunca el 100% de la plantilla estará entusiasmada, pero cuantos más sean los trabajadores involucrados, mejor. Si hay masa crítica suficiente ya se puede avanzar.

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