El que monta una empresa está loco

Galicia es el país de las mil y una empresas. En su mayoría se trata de pymes. Muy pocas se corresponden con grandes compañías ¿Por qué ocurre esto?


Galicia es el país de las mil y una empresas. En su mayoría se trata de pymes. Muy pocas se corresponden con grandes compañías y son contadas las que se pueden considerar multinacionales. ¿Por qué ocurre esto (que también se constata en España)? Por varios motivos. Primero, porque el tejido empresarial gallego es joven. La mayoría de las empresas no han pasado de la primera generación, y es en los procesos de tercera generación cuando cambian de manos. En este aspecto se calcula que hay un desfase con respecto a Europa de unos treinta años, advierte Venancio Salcines, director de la Escuela de Finanzas.

Segundo motivo y fundamental: la legislación. Cuanto más grande es la empresa, más exigencias se le imponen. Se calcula que una sociedad con ingresos de un millón de euros al año debe destinar en torno al 1,5 % de la facturación anual a disponer en plantilla de una o dos personas que se dedican única y exclusivamente a las relaciones con Hacienda, con la Seguridad Social, con el ayuntamiento y con otras instituciones. Según los empresarios consultados, la legislación laboral es lo que más frena el crecimiento de las compañías. Ponen como ejemplo los despidos objetivos. En las grandes empresas, cuando se decide iniciar un proceso de despido por causas productivas, organizativas o tecnológicas que afecte a más de diez trabajadores, la dirección se ve abocada a iniciar un expediente de regulación de empleo (ERE), trámite sumamente engorroso y burocratizado, con gran intervención de la Administración. En las pequeñas empresas, por contra, el despido se realiza de forma individualizada y basta con la comunicación escrita sin ningún trámite laboral. También es suficiente con comunicar por escrito y de manera individual cualquier modificación sustancial de las condiciones del trabajo en las pequeñas empresas. En las grandes, se exige abrir un período de consultas con los representantes sindicales, proceso que se complica si hay varios centros de trabajo. Entonces, ¿por qué pasar de ser pyme a gran empresa? Bueno, ser pequeño también tiene grandes inconvenientes. El asesor Rafael del Río es rotundo al afirmar que el dueño de una pyme compite en peores condiciones en materia de asunción de riesgo, que suele ser con cargo a su patrimonio personal. Pone en juego incluso su vivienda habitual. Es la ley de la oferta y la demanda y, si quieren financiación tienen que acceder a las normas que marcan las entidades financieras. Estos emprendedores no tienen la red de seguridad de la que disponen los directivos y los consejeros de las grandes multinacionales. Asesores, seguros e importantes retribuciones que les dan tranquilidad económica. Se mire desde cualquier perspectiva, Galicia está llena de locos.

sofia.vazquez@lavoz.es

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