Los jefes que son líderes saben callarse; los tóxicos, gritan

Los expertos aseguran que es importante que los jefes consigan que los equipos crezcan y aporten matices, de lo contrario solo tendrán clones


sofia.vazquez@lavoz.es

Hay siete situaciones identificadas por el centro de Estudios del Coaching (CEC) en las que los jefes logran aumentar su liderazgo si optan por estar callados y saben escuchar. Se trata de las siguientes:

1.- Cuando el directivo delega una función en un colaborador debe dejar que sea este el que aporte una solución, aunque le pida ayuda.

2.- Si se presenta un problema, el jefe no debe ir a apagar el fuego; tiene que ser el trabajador el que aporte ideas.

3.- El jefe no debe imponerse hasta el punto de bloquear a los miembros de su equipo.

4.- Tampoco debe desplazar a su colaborador en aquellas reuniones que ambos mantengan con un cliente.

5.- Debe callarse y reprobar con la mirada si ve un corrillo de empleados «despellejando» a uno de los miembros del equipo.

6.- Frente a la alta dirección, el jefe competente debe dejar espacio al miembro del equipo que está explicando el proyecto que él mismo ha desarrollado. La participación del líder ha de limitarse a formular preguntas estratégicas y abiertas con el objetivo de que el empleado pueda realzar el proyecto. Nunca debe hacer preguntas inquisitivas o que busquen el detalle o el dato.

7.- En una reunión donde se busca un consenso para adoptar una decisión para la resolución de un problema, el jefe ha de tener en cuenta que si él se pronuncia es posible que solo logre adhesión a su punto de vista. Es el peso de la autoridad, que hace que el intercambio de ideas decaiga hasta llegar a desvanecerse.

Según Miriam Ortiz de Zárate, socia directora de CEC, es importante que los jefes consigan que los equipos crezcan y aporten matices. De lo contrario solo tendrá clones.

Pero, ¿qué debe hacer un colaborador cuando todas las ideas que aporta son rechazadas por su jefe? «Mal asunto. Puede hacer poca cosa. Hablar con su jefe aunque antes debe pensar cómo afrontará la conversación», explica la experta. Puede seguir este guion: primero deberá exponer los hechos, después hacer el juicio, expresará sus emociones y concretará necesidades. Debe practicar el discurso para lograr que no tenga carga emocional. Es la única manera de no enredarse. Pero Ortiz de Zárate también es consciente de que hay jefes tóxicos, a los que las organizaciones casi siempre les dan la razón. En ese caso, la mejor solución pasa por marcharse de la organización. ¿Con o sin denuncia por acoso? O está muy claro el delito, o el empleado va a conseguir poca cosa porque la línea que divide el acoso de la mala educación es muy sutil. La situación se complica si el empleado tiene necesidades económicas. Lo mejor, en este caso, será intentar alejarse del jefe todo lo que pueda. ¿Por qué se queda un trabajador bloqueado ante su jefe? Ortiz de Zárate explica que siempre es por miedo. Y en la mayoría de los casos es por «miedo de pensamiento», ya que se anticipa a lo que va a ocurrir. En este caso, el empleado tiene que aprender a gestionar la situación, y el jefe a darle espacio con frases como: «Busca dos o tres opciones y lo vemos después». Es difícil saber callarse con la presión que se vive hoy en cada proceso de venta de un producto o de un servicio. Pero ahí se demuestra que uno es buen o mal jefe. Si no sabe callarse, si no deja hablar a su colaborador es posible que gane esa operación concreta, pero perderá todas las demás. El cliente nunca más querrá hablar con el colaborador, si no con el mandamás. Así que o se multiplica o delega. No le queda otra.

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