La histórica textil Caramelo no logra remontar tras el concurso y cierra

«Se ha hecho todo lo posible», dice la empresa ante un adiós que destruye 170 empleos


Redacción

La textil gallega Caramelo no ha logrado remontar en su tercera vida. Después de un cambio de manos en el 2007, de superar el concurso de acreedores en el 2014 y resurgir como una empresa más pequeña -con menos plantilla y menos tiendas-, la emblemática firma fundada en 1985 se ha visto forzada a claudicar. Ayer pidió la liquidación en el mismo juzgado de lo Mercantil de A Coruña que abordó su suspensión de pagos. Era la única salida que le quedaba a esta sociedad de la corporación Inveravante -del empresario Manuel Jove, cuya hija, Felipa, presidía Caramelo- tras años soportando pérdidas y un patrimonio negativo (unos 12 millones de euros) herencia de una salida del concurso de acreedores muy en precario. La marcha del director general hace apenas un mes hacía presagiar entre la plantilla que las cosas estaban bastante torcidas.

La empresa cae víctima de una conjunción de factores que afecta no solo a Caramelo, sino también a otras firmas textiles de la llamada clase media, la que navega entre dos aguas, lejos del low cost de las grandes multinacionales y de las firmas de alta costura, que trata de dar con su lugar. A ese tipo de firmas como Caramelo les impacta notablemente el bajón del consumo en España, la climatología -este otoño, por ejemplo, apenas ha logrado dar salida a la nueva colección, por las elevadas temperaturas- y los nuevos hábitos de compra por Internet y el outlet. También le ha lastrado su dependencia del mercado interior, sin llegar a afrontar la internacionalización que había anunciado (ya había previsto filiales en Europa). «La actividad se ha visto seriamente dañada por la profunda crisis de consumo en toda Europa y, de forma particular a España, mercado al que la empresa ha estado excesivamente expuesta en los últimos años», admitía ayer la empresa.

«Se ha hecho todo lo posible para intentar recuperar la senda de la rentabilidad, pero no se ha conseguido superar las pérdidas», asumía la firma.

Con 20 millones de pasivo

A lo anterior se suma que el grupo aún no se había terminado de sacudir del todo del concurso de acreedores. La firma logró un acuerdo con los acreedores con una quita del 80 % de su pasivo de 100 millones, y un período de carencia de tres años. A partir del 2017 tenía que afrontar los primeros pagos, y eso también ha podido pesar en el ánimo de ir a una liquidación, con una deuda ahora de unos 20 millones de euros.

La liquidación de Caramelo dejará en la calle a 169 empleados repartidos entre servicios centrales, las tiendas de España (nueve) y Marruecos (dos establecimientos en Tánger y Casablanca) y los córner de El Corte Inglés. De esa plantilla, casi 80 personas se concentran en Galicia, principalmente -unos 60- en los servicios centrales del polígono industrial de Vío (A Coruña). Ahí había trasladado el grupo su sede a inicios del 2015 cuando presentó su nueva imagen y modelo de producción. Esa nave de Vío es alquilada, como las once tiendas que mantiene Caramelo. Es decir, que no podrán ser activos susceptibles de venta o adjudicación durante la liquidación.

Ese proceso, el de echar el cierre, arrancará cuando el juez nombre a un administrador encargado de esa tarea, con el objetivo de ir ordenando la liquidación progresiva de la empresa. Prácticamente el único activo que tiene la compañía son sus prendas y la maquinaria de Vío, donde había invertido unos 2,5 millones de euros. No hay inmuebles en propiedad. La nave que tenía en el polígono de A Grela, en A Coruña, pasó a manos de Abanca durante el proceso de concurso, y este banco se la revendió posteriormente al propio Manuel Jove y a otros dos socios.

Con lo que se liquide se podrán pagar las indemnizaciones a los empleados. Lo que podrán percibir dependerá mucho del proceso de liquidación de la firma. Aunque siempre cabe la posibilidad de que aparezca algún comprador.

La plantilla recibió con sorpresa la decisión: «Es lo que hay, un final muy triste»

La decisión de proceder al cierre de la firma textil cogió totalmente por sorpresa a la plantilla, según apuntaba el secretario xeral de Industria de CC.OO., Víctor Ledo. Los argumentos que expuso la empresa a los trabajadores van en la línea de que «o inversor deixa de poñer cartos e procede ao peche» sin otra alternativa. Para el sindicato, la medida tiene dos únicas lecturas: «Destrución de emprego e o peche dunha empresa no sector téxtil en Galicia». Ledo trasladaba la preocupación de los trabajadores e instaba a la empresa a que rectifique e inicie al menos un período de negociación que permita evaluar la situación y abrir un debate sobre su futuro.

«Es lo que hay, un final muy triste para la empresa, que peleó por sacarla adelante, pero que se encontró con unas condiciones muy pésimas», explicaba por su parte Pilar Servia, que fue presidenta del comité de empresa.

El papel de la Xunta

El desconcierto generado entre los empleados y la situación en la que queda la plantilla fue analizado durante buena parte de la jornada por la representación sindical, confiando en que se abra una línea de diálogo también con la Administración autonómica, dijo Ledo. Esto último no es menor porque la Xunta, a través de XesGalicia -su sociedad de capital riesgo- mantiene una pequeña participación en Caramelo de alrededor de un 7 %, y tiene varios créditos suscritos con la empresa. Es decir, que la liquidación va a impactar también en la Administración. Según la última memoria de Sodiga, en la previamente liquidada Caramelo Gestión los préstamos públicos superaron los 16 millones. Y en Caramelo SA, medio millón.

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