Las plataformas que construye Navantia para Iberdrola ya se sumergen en el Báltico

Servirán para sujetar los molinos del primer parque eólico marino de la firma vasca, en Alemania


El mar está en calma a finales de septiembre en la costa alemana de Sassnitz, en el mar Báltico, donde la empresa vasca Iberdrola mueve el grueso de la actividad portuaria con el desarrollo de un amplio dispositivo desplegado para la instalación del parque Wikinger, el que será su primer campo eólico marino construido en solitario, para Alemania. Un desafío que comenzó hace unas semanas con la llegada de las primeras estructuras de acero -jackets- construidas en los astilleros de Navantia, en Fene, y la subestación eléctrica fabricada en la factoría de Puerto Real, que lanzará la energía generada por los molinos de viento a una estación terrestre situada a 70 kilómetros del campo eólico marino, aprovechando las instalaciones de una antigua central nuclear ya cerrada.

El proyecto, presupuestado en 1.600 millones de euros y que se encuentra en el ecuador de su ejecución, constituye todo un reto para la eléctrica española desde que hace 20 años hizo una fuerte apuesta inversora y de desarrollo por la energía eólica. Ahora, a 36 kilómetros de la costa, compartiendo espacio con el tráfico marítimo y en un escenario donde las condiciones meteorológicas son adversas durante la mayor parte del año, ha logrado con éxito amarrar a 40 metros de profundidad los primeros jackets construidos por Navantia en Fene. Unas estructuras de 60 metros de alto y 620 toneladas de peso que desde el pasado junio se transportan por mar, en grupos de cuatro unidades, desde el astillero ferrolano a Sassnitz. 

La operativa en el mar

Si las condiciones atmosféricas lo permiten, una gran barcaza, que porta un complejo diseño de péndulos, inicia la marcha a las cuatro de la madrugada con el despliegue de una herramienta que incorpora unas agarraderas diseñadas especialmente para estas plataformas off-shore por el equipo de investigación de Iberdrola, explica el ingeniero Emilio de la Cerda. Este dispositivo engancha y afianza cada jacket, lo alza en vertical y lo traslada en esa posición a su punto de destino de acuerdo a unas coordenadas y un sistema de posicionamiento GPS previamente determinado.

Son más de tres horas de trayecto, si el mar está en calma y el viento es flojo. Por la envergadura de la pieza de acero, no debe soportar oscilaciones. Una vez en el parque, a cada estructura se le asignan unas coordenadas en el mar que coinciden con las de los cuatro pilotes (fabricados en Avilés por Windar Renovables, asociada a los astilleros públicos de Ferrol para este proyecto) enterrados previamente en el fondo marino y que afianzarán a la plataforma sobre la que posteriormente se izarán la torre y las turbinas del aerogenerador.

Un dispositivo similar se ha efectuado para colocar la subestación eléctrica fabricada por Navantia en Puerto Real y que está considerada como el corazón del parque eólico marino, no solo porque se halla arropada por todos los jackets, sino porque se encargará de recibir los cinco megavatios que generará cada molino a través de los cables de evacuación eléctrica, también sobre el lecho marino, hasta los 350 megavatios y con una capacidad de abastecimiento para 150.00 hogares alemanes. Desde ahí, lanzará la energía a una estación alemana situada a 70 kilómetros ya en la superficie terrestre.

De las 70 estructuras (29 se construyen en Navantia, y las 41 restantes en los astilleros daneses de Blandt), ya han sido colocadas 24 e Iberdrola confía en que a finales de año todas las plataformas ya estén sumergidas para iniciar los trabajos de sujeción de los molinos de viento.

Si se cumplen los plazos como hasta ahora, el parque Wikinger será inaugurado a finales del 2017. Y todo parece que así será. El trabajo realizado por Navantia se ha merecido los mejores elogios por parte de Iberdrola, al haber superado con éxito los rigurosos controles de calidad que precisan este tipo de trabajos, como confirma la ingeniera naval ferrolana de la eléctrica vasca Patricia Berlín.

Proyectos de futuro

Iberdrola se juega mucho con este parque eólico en aguas profundas. Además de ser el primero que ejecuta en solitario (hasta ahora solo ha participado como socio financiero y en otros cometidos en un recinto marino británico), la compañía vasca ha ganado el proyecto de construcción de un nuevo parque en Reino Unido. El pedido eólico britano, denominado East Anglia One, doblará en capacidad al alemán al preverse la construcción de 102 aerogeneradores, que tendrán una capacidad de generación de 7 megavatios y para el que se ha firmado un contrato de entre 2.000 y 3.000 millones de euros.

También en este proyecto participará la alianza formada por Navantia y Windar Renovables que se encargará de realizar 36 de las 102 plataformas del parque, con lo que el astillero de Fene, infrautilizado, estaría ya en disposición de especializarse en un negocio en el que ha entrado de la mano de Iberdrola. De hecho, la experiencia del campo marino alemán le ha permitido prepararse para producir jackets en serie hasta lograr la fabricación de 50 estructuras de eólica marina anuales. Las grandes superficies de que dispone Navantia en la ría de Ferrol, con gran capacidad de almacenamiento y construcción, y su disposición para adaptarse a las tecnologías que requiere el negocio del sector eólico marino le favorecen en futuras licitaciones.

La eléctrica vasca también se encuentra muy bien posicionada para la construcción de un campo en aguas profundas de la Bretaña francesa, según explicaron fuentes de la compañía, y aspira a situarse como constructor de los parques eólicos que Alemania proyecta construir en el mar durante los próximos años. Y es que el país ha agotado su capacidad para levantar más parques en la superficie terrestre y, si quiere cumplir con su política de abastecerse con renovables en el 2050, el futuro lo tiene en el mar del Norte. 

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