La vieja Pescanova decide hoy entre seguir en guerra con los nuevos dueños o firmar la paz

Sobre la mesa, dos propuestas para reformar y ampliar el consejo de administración: la conservadora, defendida por el actual equipo de gestión; y la liderada por Broadbill


La Voz

Los accionistas de la vieja Pescanova acuden hoy a Redondela a una junta decisiva para marcar el rumbo de la sociedad en los próximos meses. Sobre la mesa, dos propuestas para reformar y ampliar el consejo de administración. La conservadora, defendida por el actual equipo de gestión, apuesta por mantener el enfrentamiento con la banca dueña del grupo, y votar en contra de la ampliación de capital prevista para finales de año, en la que los viejos socios quedarían diluidos. La alternativa, liderada por Broadbill (3,6 % del capital) se inclina por firmar la paz con las entidades financieras y resolver «de forma amistosa» las diferencias con Nueva Pescanova.

En ambos casos, el recorrido de la vieja Pescanova es limitado, pese a tener un 20 % del grupo Nueva Pescanova que preside Jacobo González Robatto. La única forma de recapitalizarse sería volver al mercado de valores, algo que cada vez parece más difícil, desde que el 12 de marzo del 2013 la CNMV suspendió «cautelarmente» la cotización en bolsa de las acciones de Pescanova.

Los tiempos juegan en contra de la sociedad. Tanto la presidenta del regulador bursátil, Elvira Rodríguez, como su vicepresidenta, Lourdes Centeno, culminan el próximo día 6 de octubre sus respectivos mandatos. A ello hay que sumar la incertidumbre sobre la formación del nuevo Gobierno, lo cual debilita la toma de cualquier decisión por parte de la CNMV que entrañe alguna responsabilidad más allá de la estricta función profesional.

El objetivo del que podría calificarse como grupo rebelde siempre ha sido restaurar la cotización de la empresa, lo que requiere el beneplácito de un regulador que ha convertido el caso Pescanova en todo un caso ejemplarizante a la hora de evitar escándalos públicos; y no le ha temblado la mano para sancionar al expresidente, Manuel Fernández de Sousa.

Los antiguos socios quieren reanudar las operaciones en bolsa para asegurar desde la vieja Pescanova la financiación de los recursos necesarios para comprar títulos de la Nueva Pescanova, en la que se concentran las verdaderas actividades empresariales. Un viaje en el túnel del tiempo para aferrarse al palo mayor del grupo pesquero antes de que los bancos los tiren al agua con una ampliación de capital.

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