Navantia pasa la reválida en Australia creciendo tras 10 años

Unos 40 gallegos están destinados en los centros de trabajo que abrió la empresa española al otro lado del mundo

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«Aspiramos a un contrato de nueve fragatas» Navantia Australia consolida su presencia a miles de kilómetros de Ferrol. Las expectativas de crecimiento profesional son optimistas tanto para la dirección del astillero como para sus trabajadores

La Voz en Sídney

Camino de batir el récord del mundo en crecimiento económico continuado -25 años de incremento sostenido-, Australia prevé llegar al 2023 con un presupuesto de Defensa que rondará los 20.000 millones de euros. Con unos programas de renovación de la flota militar muy ambiciosos y contra todo pronóstico inicial (ya que competía con aliados naturales del país como los americanos y contra las raíces británicas), Navantia ha ido escalando posiciones en las Antípodas hasta convertirse en uno de sus constructores navales de referencia, culminando una década de importantes encargos y de expansión en su territorio que está lejos de detenerse. La empresa desembarcó en Australia en el 2006 con tres empleados y este año llegará a los 90, más de la mitad españoles, que gestionan y atienden un amplio abanico de pedidos y tareas. La previsión es llegar a los 200 en un plazo de dos años más.

Dos de los barcos de la Marina australiana, el Canberra y el Adelaide, fueron construidos mayoritariamente en Ferrol y en estos momentos otros tres -los destructores AWD- están siendo fabricados en Adelaida bajo la dirección de los astilleros públicos españoles. A partir de junio arrancarán en la factoría ferrolana los trabajos de fabricación de los dos buques de aprovisionamiento de combate que, basados en el Cantabria, acaba de adquirir el país, con lo que al menos serán siete los barcos australianos con diseño, equipos y sistemas de Navantia. Es un pedido que ha supuesto la «reválida» de la compañía en este territorio, en palabras de Francisco Barón, director de Navantia Australia, filial creada por los astilleros para aquel territorio.

Pero además, en estos momentos la compañía participa en el concurso de mayor importe de su historia que, de lograrse, marcaría un punto de inflexión en su trayectoria a este lado del globo. En competencia con la italiana Fincantieri y la inglesa BAE Systems, aspira a hacerse con un contrato de construcción de nueve fragatas, presupuestado en más de 21.000 millones de euros -que no solo incluye la construcción, sino también otros aspectos del programa-, que supondrá dos décadas de carga de trabajo para la industria naval australiana.

Marcada presencia gallega

Aunque Navantia ha ido nutriéndose de empleados de distintos centros de trabajo para componer su plantilla en las Antípodas, la mayor parte del personal propio expatriado procede del astillero ferrolano. El hecho de que los primeros barcos encargados por la Marina australiana fuesen modelos propios de esta factoría, como los megabuques y las fragatas, explica en gran parte este hecho. Así, muchos de los que están actualmente en Australia han participado en puestos de responsabilidad en los diferentes programas cuando se desarrollaron en Ferrol. Tal es el peso de la plantilla de la planta gallega que, del medio centenar de trabajadores españoles con los que cuenta Navantia Australia, unos 40 son ferrolanos, y entre el resto se encuentran gaditanos, cartageneros y asturianos. La mayoría destacan la experiencia profesional que les proporciona su trabajo en las Antípodas, aunque también se eche de menos a familias y amigos.

Y continuarán llegando, ya que también está previsto que sea algún empleado de Ferrol el que se desplace a Perth cuando se abra la nueva oficina de Navantia en esta ciudad, que es donde tendrá la base uno de los dos buques logísticos que se fabricarán en la ría ferrolana desde el próximo verano.

No obstante, Francisco Barón explica que la tendencia natural es a que cada vez tenga más peso el personal local -hoy son 15 personas- en la plantilla de la filial, y menos el español, aunque su presencia será estable en los próximos años.

Esta es la trayectoria

La empresa pública llegó a Australia en el 2006, un año antes de que le fuera adjudicado su primer contrato, el de los megabuques. Lo hizo con una persona en Melbourne. Poco después aterrizó en Adelaida, en donde iban a construirse los destructores basados en las F-100 españolas. En ambos lugares, los diferentes equipos de trabajo fueron creciendo a la par que lo hacían contratos y obras. La apertura de la oficina en Sídney se produjo cuando, con los megabuques ya construidos, la Armada australiana adjudicó un contrato para el mantenimiento de estos barcos y de las lanchas de desembarco, mientras que la llegada a Camberra, la capital del país, se produjo este mismo año, con un centro que recoge la parte corporativa de la compañía.

Los directivos de Navantia insisten en que Australia es una apuesta estratégica para la compañía y un compromiso de continuar creciendo. El concurso de las futuras fragatas para la Armada podrían sumar otras dos décadas de presencia de la firma a miles de kilómetros de su matriz.

El «efecto Navantia»: las exportaciones gallegas se disparan un 200 % en 12 meses

El consejero comercial del Consulado de España en Sídney, Alberto Cerdán, lo llama el «efecto Navantia». Es el revulsivo que ha llevado a otras empresas españolas a desembarcar en Australia siguiendo los pasos de los astilleros españoles, primero, y mantenido un crecimiento continuado, después. «Este es un país muy abierto, sin prejuicios», explica, y añade que «para cualquier empresa de ingeniería que viene aquí, decir que ha trabajado para Navantia está muy bien visto». Cerdán sostiene que el poso que está dejando la compañía pública en Australia es tal que, «aunque intangible, es algo que nos está beneficiando a todos». Y aunque la presencia empresarial gallega no es muy numerosa al otro lado del mundo -el consejero apunta a Inditex, Gabadi y Gas Natural Fenosa como la representación de la comunidad en firmas con filiales propias aquí-, sí es destacable el incremento de las exportaciones gallegas al país, que entre el 2014 y el 2015 crecieron más de un 200 %. Pontevedra es la provincia más exportadora.

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