La renuncia a herencias empieza a frenarse en Galicia con la nueva bonificación fiscal
ECONOMÍA
En el segundo trimestre, aún con 500 casos, se detectó por primera vez un descenso de peticiones
17 sep 2016 . Actualizado a las 05:00 h.La renuncia a herencias en Galicia cerró el 2015 con un récord histórico -más de 2.300 casos, cuando en años previos a la crisis no llegaba a 700-, tras repuntar un 12 % en un curso. Pero ahora esa curva empieza a descender, según los datos que acaba de ofrecer el Consejo General del Notariado hasta junio.
Esa estadística revela que en el segundo trimestre de este ejercicio se registraron 556 casos de «renuncia pura y simple de herencia o legítima, incluida la futura», como especifican los notarios. Es la cifra, para un trimestre, más baja en año y medio. Esos 553 rechazos certificados suponen además una caída del 4 % en comparación con el mismo período -de abril a junio- del ejercicio anterior. Y eso es lo más relevante, porque es la primera vez que se produce un descenso anual desde hace más de cuatro años.
¿Qué está detrás de ese frenazo? Hay dos causas, según las fuentes consultadas: la bonificación fiscal que entró en vigor a inicios de año y que alivia la recepción de un legado; y la mejor situación económica, que ha permitido asumir las cargas que traen esas herencias (deudas previas). Eran esos dos motivos -los gastos que acarreaba heredar- los que llevaban a decenas de gallegos a tener que prescindir de lo que les cedían sus familiares fallecidos.
Por partes. La bonificación fiscal gallega entró en vigor el 1 de enero, de tal forma que desde entonces toda herencia deja de tributar en sus primeros 400.000 euros por receptor. Tener que pagar el impuesto de sucesiones era uno de los motivos por los que muchos gallegos se veían forzados a renunciar a lo que les dejaban sus familiares. Ahora la Xunta estima que el 99 % de las liquidaciones de este tributo ya no saldrán a pagar. Y ya lo está notando: la hacienda gallega ha dejado de ingresar hasta agosto 48 millones de euros en sucesiones, merced a esa bonificación. Detrás está el espectacular repunte -casi el doble, 14.000 casos- de herencias en vida.
Efecto retraso
La bonificación se aplica desde enero y es pronto para detectar un fuerte impacto en esas renuncias. Se advertirá, seguramente, más adelante, apuntan fuentes de la Consellería de Facenda. La explicación está en que cuando uno recibe una herencia tiene 6 meses para liquidar el impuesto, y por ello muchas de las del 2015 todavía se liquidaron en los primeros meses del 2016. Es decir, hay un cierto retraso en la estadística. Por eso en el primer trimestre, los notarios no notaron impacto en esas renuncias; se quedaron prácticamente igual que el acabar el 2015. Ha sido ahora, con el segundo trimestre, cuando se ha detectado ese primer bajón.
La segunda causa por la que pueden estar cayendo las renuncias es porque vengan bien con menores deudas (la tasa de morosidad está cayendo desde hace dos años), bien con mejores posibilidades de afrontarlas, porque el beneficiado está en una mejor posición económica para afrontar el pago que conlleve esa herencia. Este asunto es clave porque el temor a los pufos sigue pesando mucho más que la bonificación fiscal; es la principal causa que está detrás de esas renuncias, aunque los datos del Notariado no distinguen entre casuísticas. Hay que tener en cuenta que uno responde directamente con su patrimonio de las deudas del causante, en este caso, del fallecido. Y de ahí el rechazo a hacerse cargo de lo queda.
Con deuda oculta
En algunas ocasiones, además, se desconoce con precisión la cantidad de la deuda que puede haber detrás, al no estar bien cuantificada o existir acreedores desconocidos. Así, ante la posibilidad de encontrarse con una sorpresa, se opta por la renuncia oficial.
Otro caso frecuente: que el heredero se lleve una vivienda sobre la que pesa todavía una carga hipotecaria con el banco. Y puede darse el caso de que aun con la venta de ese inmueble, no llegue para afrontar el pago de lo contraído, u otras deudas futuras. Solución: rechazar.
A la expectativa por si la prórroga de los presupuestos supone el adiós al impuesto de patrimonio
La Xunta ingresó en el último año contabilizado -el del 2014- casi 70 millones de euros con el impuesto a las grandes fortunas, el impuesto de patrimonio. Se trata de un tributo cedido a las comunidades, por el que los territorios se llevan en conjunto más de 900 millones de euros gravando a los ricos. La mitad se ingresa en Cataluña, aunque sobre el papel debería ser Madrid la principal receptora. Pero lo tiene bonificado al 100 % por decisión de su Gobierno regional. Pierde con ello más de 600 millones al año, pero lo compensa con la atracción de grandes fortunas a esa comunidad.
Ahora bien, ese impuesto está en el aire con la más que probable prórroga de los presupuestos del Estado. Las cuentas del 2016 incluían una cláusula que suponía la bonificación total de ese tributo a partir de enero del 2017. Y aunque el Gobierno estaba dispuesto a revisar esa cláusula para las cuentas del próximo, una posible prórroga echaría por tierra esa solución. De tal forma que, de ejecutarse, las arcas de la Xunta perderían esos 70 millones, justo cuando ha aprobado una bajada general de impuestos (en el IRPF, y en sucesiones y donaciones).
El palo no sería solo para el Gobierno gallego, sino para todas las comunidades (salvo la madrileña). De ahí que las administraciones autonómicas estén muy pendientes.
Con todo, fuentes consultadas en la Administración ven poco probable ese adiós definitivo, por el impacto económico y político para las comunidades. Y porque, de hecho, se podría recuperar en cualquier momento. El impuesto de patrimonio se devenga el 31 de diciembre de cada año, por lo que aunque en enero del 2017 ya no esté vigente por esa prórroga presupuestaria, podría reimplantarse a lo largo del año y cobrarse en diciembre. Es algo que ya sucedió en el 2011: se recuperó en septiembre y se devengó en diciembre para el ejercicio completo, no solo para 4 meses.