Navantia echa el resto en las antípodas

Compite por lograr su contrato de mayor importe para fabricar en el país nueve fragatas por 21.400 millones


La Voz en Sídney

Es el concurso de mayor importe en el que han participado hasta el momento los astilleros públicos españoles y Navantia se encuentra en la denominada lista corta con otros dos competidores -la italiana Fincantieri y la británica BAE Systems- para hacerse con ese contrato, impulsado por la Defensa australiana para dotarse de nueve fragatas de última generación. Presupuestado en 21.428 millones de euros (30.000 millones de dólares australianos), el encargo tiene ya sus futuros hitos fijados. La Armada de aquel pedirá a principios del próximo año la oferta formal a los tres astilleros, que presentarán en torno a julio del 2017. Medio año después, se desvelará el ganador.

La obra ha de ejecutarse en el astillero de ASC en Adelaida, por lo que, a diferencia de lo que acaba de pasar con el pedido de dos buques de aprovisionamiento de combate encargado al astillero ferrolano por la Marina del país, no implicará ocupación en los talleres para el naval gallego, aunque la firma considera que, tanto por importe como por proyección internacional y como por consolidación en las antípodas, es un encargo clave para el futuro a medio plazo. «En la medida en que Navantia Australia crezca y se consolide aquí, no me cabe duda de que será muy positivo para la empresa en general. De hecho, ha habido momentos en los que ha facturado más Navantia Australia que España», afirma el ferrolano Francisco Barón, máximo responsable de la compañía en el país.

Además, el directivo recuerda que el encargo de los destructores de la clase AWD que se fabrican en Adelaida basados en el modelo de las fragatas F-100 españolas ha llegado a reportar trabajo también en el astillero ferrolano, que fabricó los bloques más complejos, aunque inicialmente no estaba previsto.

Crecimiento ascendente

Se han producido pocos frenazos en la trayectoria de Navantia en Australia, ya que desde su llegada al país, en el 2006, ha ido ganando posiciones y captando nuevos encargos, tanto para la fabricación de buques como para su mantenimiento. Ha quedado fuera del concurso de submarinos y también del de patrulleros, pero es ya un constructor naval de referencia en las antípodas. La empresa española ha devuelto esa confianza depositada por la Armada australiana y ha sostenido una línea de crecimiento, tanto de infraestructuras como de personal, para atender todas sus necesidades. Al mismo tiempo, ha ido firmando acuerdos de colaboración y alianzas con otras empresas locales, como el recientemente suscrito con SAGE, para prestar todo tipo de servicios relacionados con los sistemas de control de plataforma que proporciona a los buques australianos.

Estas son algunas de las bazas que esgrime la compañía pública española para sostener su expectativa de convertirse en adjudicataria del concurso de las fragatas del futuro australianas. Aunque la empresa quiere ser cautelosa con respecto a este posible encargo, no oculta que uno de los grandes espaldarazos que ha recibido fue el contrato logrado hace unos meses para gestionar el astillero ASC de Adelaida, donde se fabrican los tres destructores basados en las F-100. El programa, que arrastraba una gran demora y desviaciones de coste, comienza a enderezarse. La factoría es la elegida para fabricar las futuras fragatas, por lo que su posición actual como máximo responsable de la gestión del contrato otorga un plus a Navantia, que insiste, no obstante, en que la competencia es muy dura.

Muy centrada en su apuesta internacional en el país, Navantia mira ya hacia otras áreas. Considera que las alianzas que está tejiendo en Australia pueden generar otras oportunidades a medio plazo. «Dentro de unos años podríamos tener aquí un centro que nos permitiría acceder al mercado asiático», afirma Francisco Barón.

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