Jubilaciones pasadas siempre fueron mejores


Presidente de la Escuela de Finanzas

Es tan doloroso el drama del paro que ha monopolizado toda nuestra atención. No había otro problema económico bajo el sol. Nada más alejado de la realidad porque existen otros muchos, pero hay uno que dentro de unos pocos años, si no hacemos nada por evitarlo, centrará todas nuestras conversaciones: las pensiones.

Somos un país envejecido con un sistema público de pensiones propio de una nación cargada de jóvenes, tal y como era la España de finales de los sesenta. Por lo tanto, lo primero que hemos de hacer es tomar una decisión: ¿Deseamos ser un país de viejos o de jóvenes? La respuesta a esa pregunta es la que ha de determinar las políticas que vayamos a implantar. Si elegimos la juventud, debemos, en primer lugar, asumir que la familia ha de ser mimada, cuidada, discriminada positivamente. Da igual que sean hogares católicos, o musulmanes, parejas de hecho o monoparentales, hemos de hacerle la ola a todos aquellos que deseen asumir la responsabilidad de ser padres. No es ética, es economía.

En paralelo, hemos de asumir que necesitamos inmigración. No toca discutir sobre ello, solo caracterizarla. Saber si queremos captar capital humano de primer nivel, como hace por ejemplo Australia e intenta hacer Alemania, o cruzar los brazos, fortalecer nuestras fronteras y hacer regularizaciones cada equis tiempo. Vamos, la inútil política del pasado.

Si apostamos por captar  las mentes más brillantes de otros países, hemos de sentar en una mesa al Ministerio de Empleo y Seguridad Social con el de Educación, y, de paso, invitar a los consejeros autonómicos y a la Conferencia de Rectores. Y pensará ¿cómo admitir inmigración si estamos enviando fuera a nuestra juventud? Cierto, pero si nada altera el ritmo de nuestra economía, entre el 2020 y el 2023 seremos de nuevo un país atractivo para la inmigración. Planifiquemos el futuro.

Si apostamos por no hacer nada, entonces acabaremos en la solución hoja de Excel, es decir, meteremos los datos en una hoja de cálculo, diremos a la opinión pública que no hay tiempo, que el problema es mayor del que esperábamos y haremos lo más sencillo, estirar de nuevo la edad de jubilación e incrementar la misma por debajo del crecimiento de los precios de su cesta de la compra, reduciendo, de este modo, su poder adquisitivo. Los que tienen más cultura financiera y riqueza buscarán rentas alternativas, el resto llegará a saber que pensiones pasadas siempre fueron mejores.

Venancio Salcines es Presidente de la Escuela de Finanzas.

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