Seseña juega la baza del precio para dejar de ser fantasma

La urbanización El Quiñón, como su promotor, Paco, «el Pocero», la bautizó, es una imagen ligada todavía a la burbuja inmobiliaria


Seseña / La Voz

Su silueta -grandes bloques de ladrillo tostado emergiendo entre el verde del que las lluvias han teñido el campo toledano- llama la atención desde la carretera de Andalucía. La urbanización El Quiñón o Residencial Francisco Hernando, como su promotor, Paco, el Pocero, la bautizó, se yergue en el municipio de Seseña (Toledo), lindando con Madrid, en una imagen ligada a la de la burbuja inmobiliaria, cuyo estallido la alcanzó de pleno, pero de la que se esfuerza por desprenderse.

Quiere mostrar que es un barrio más de Seseña y que, como tal, la ciudad fantasma de calles desiertas que recibía al visitante en el verano del 2007, cuando se mudaron la primera media docena de vecinos de los 580 que recibieron las primeras llaves, ha dejado paso a una ciudad dormitorio en la que hay oficialmente empadronadas 6.700 personas, de las que 1.600 son menores de 16 años.

Entre quienes financiaron al calor de la burbuja el megalómano proyecto del Pocero -un programa de actuación urbanística (PAU) de 13.000 viviendas del que solo se han construido 5.096 en dos fases- estaban las antiguas cajas de ahorros gallegas. De hecho, una de las operaciones de financiación, por parte de Caixanova, está ahora en el punto de mira de la Audiencia Nacional, dentro de los créditos presuntamente irregulares que el FROB remitió en su día a la Fiscalía Anticorrupción. Desde el Ayuntamiento se subraya que el barrio tiene actualmente una ocupación del 80 % y que «la reactivación» del inmobiliario se ha notado «desde hace año y pico», cuando la banca ha comenzado a sacar al mercado el stock que tiene en Seseña. «La población ha crecido muy rápido», insisten fuentes municipales. Y el padrón lo corrobora: El Quiñón ha más que doblado su número de habitantes en cinco años, al pasar de los 3.280 vecinos del 2011 a los 6.700 actuales, que suponen el 30 % de los 22.500 que tiene el municipio.

Despegue lento

Pero el despegue -que se está produciendo- es lento y no está libre de dificultades. El factor determinante para que Seseña volviera a ser objeto de deseo de potenciales compradores era el precio, que ha sufrido un ajuste superior al 50 %. Hoy, por ejemplo, Aliseda tiene en venta pisos de dos dormitorios a partir de 85.000 euros, aunque en el 2012 otras inmobiliarias de bancos como el Santander o el Sabadell llegaron a liquidarlos prácticamente a precio de coste, por debajo de los 60.000 euros.

«Yo compré hace tres años porque me pareció bararo», explica Miriam, una vecina del barrio. Aunque no concreta la cifra, insiste en el «buen precio» y condiciones, y dice estar «encantada» con su nueva casa. En su caso la vendedora fue Solvia, la inmobiliaria del Sabadell. Experiencias similares a la de Miriam las relatan otros vecinos, como Verónica, que compró en el 2012; o Esteban, que lleva siete años viviendo de alquiler.

Todos ellos coinciden en destacar lo atractivos que eran los precios para unas viviendas de magníficas calidades y próximas a Madrid, y confirman que están subiendo. Rubén, que trabaja en el macroalmacén que Mercadona tiene en la zona, alquiló en el 2013 un «pisazo» de cuatro dormitorios por 450 euros. «Eso fue el primer año. Ahora pago 430 por un ático y estoy buscando pisos para alquilar, pero las inmobiliarias tienen lista de espera. No hay. Los particulares que compraron caro no quieren vender perdiendo dinero», explica.

Los vecinos también coincidentes en las críticas al barrio: la falta de servicios y comercio de proximidad. «Para cualquier cosa hay que ir al pueblo, que está a cuatro kilómetros. Hubo un banco y lo cerraron. ¡Casi no hay ni bares! Y si buscas ocio, tienes que coger el coche y desplazarte a Valdemoro o a Aranjuez», comenta Miriam. Por contra, los comerciantes que mantienen abiertos sus negocios se quejan de que no hay modo de que funcionen. Y es que crear cultura de barrio es la asignatura pendiente de una Seseña que ya no es fantasma.

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