Llegan los préstamos para empresas «con referencias»

En el camino de un empresario en busca de financiación se cruzó una fintech. ¿Una qué...?


sofia.vazquez@lavoz.es

En el camino de un empresario en busca de financiación se cruzó una fintech. ¿Una qué...? Una fintech -memorice este palabro que ya está más que reconocido en EE.UU. y que en España vino para quedarse-, o lo que es lo mismo, una empresa que usa la tecnología para ofrecer servicios financieros y con su proceder está cambiando el tradicional sector bancario en la forma y en el fondo.

Las hay de todo tipo: desde las que dan préstamos hasta las que ayudan a la gestión de finanzas personales. Buscan hacerse un hueco en este negocio. «Nuestra tecnología nos da mucha eficiencia y somos capaces de analizar inmediatamente el 70 % de las variables que nos dan pie a decidir si damos o no el préstamo», explica Alberto Sánchez Navalpotro, presidente y cofundador de Inbonis. Esta compañía se dedica a dar créditos de circulante a pequeñas empresas (se exige un nivel de facturación de entre 100.000 y 3 millones de euros anuales) que «generen confianza en su entorno». ¿Qué quiere decir que «generen confianza en su entorno»? En primer lugar, la compañía debe de estar gestionada por su propietario (o al menos que dos de los socios sean gestor y empresario), y, en segundo lugar, tiene que presentar «tres referencias» positivas de su entorno empresarial. Necesita, por lo tanto, a tres sociedades con las que tenga relación comercial (clientes o proveedores, pero nunca con vínculos familiares) que hablen de la empresa. Lógicamente, bien. La filosofía es que si la firma necesita un crédito porque así puede mejorar su negocio, eso irá en beneficio de todas las compañías que estén relacionadas con ella. Son las variables cualitativas tradicionales que sirven y servían para valorar al buen gestor. El préstamo a conceder oscila entre 15.000 y 250.000 euros, y va contra balance. No se piden avales personales, que son, define Sánchez Navalpotro, como «cadenas perpetuas» para el empresario. Sí se exige una serie de documentación fiscal y bancaria, y una entrevista personal. En caso de que el empresario no abone el préstamo, un juez dirimirá el conflicto. La compañía prestataria se arropará de un contrato mercantil (figura reconocida por ley desde 1885) que se firmará ante notario. Si la empresa está en suspensión de pagos, la fintech tendrá que ponerse a la cola de acreedores; pero si el impago es «porque no me da la gana», la cosa cambia y el juez tendrá mucho que decir.

Un aspecto a tener en cuenta: Inbonis dará luz verde a una operación si crea valor. Y eso se puede medir. ¿Cuál es el tipo de interés que se paga? «Depende». Con esta respuesta el cofundador de la firma ejerce de gallego. El coste está en función del riesgo que se corra, pero «somos competitivos», argumenta. Ofrece un dato: el precio puede oscilar entre un 5 % y un 18 % TAE, incluyendo todos los gastos que calculan las instituciones financieras tradicionales. Navalpotro apostilla: «Nuestra operación más cara ha sido del 7,49 %. Prestamos 75.000 euros y a intereses correspondieron 5.700».

Un estudio de la consultora Price Waterhouse concluye: Primero: las entidades financieras tradicionales creen que el fenómeno fintech podría poner en riesgo el 23 % de su negocio actual en los próximos cinco años. Segundo: en el 2020, más del 60 % de los clientes del sector financiero tradicional accederán a servicios a través de aplicaciones móviles, al menos, una vez al mes. Tercero: solo el 32 % de las entidades financieras tienen en la actualidad algún tipo de acuerdo con empresas fintech.

Solo para su conocimiento: la semana pasada se creo la asociación del sector: http://spanishfintech.net/asociacion-de-fintech-en-espana/.

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