Los de Panamá tienen la caradura de darnos lecciones

El mundo no es capaz de acabar con los paraísos fiscales porque los responsables de hacerlo tienen sus fortunas escondidas allí


sofia.vazquez@lavoz.es

El de los papeles de Panamá es todo un escandalazo del que aún no se conoce ni a la mitad de los implicados y, al parecer, se cuentan por cientos. En este caso -similar al de la lista Falciani, por citar un ejemplo más- se aprecian tres conclusiones. Primera: todos los que llevan su dinero a un paraíso fiscal tienen como objetivo evitar los impuestos en su país. Segunda: el mundo no es capaz de acabar con los paraísos fiscales porque los responsables de hacerlo -si no todos, sí la gran mayoría- tienen sus fortunas escondidas allí. Y tercera: todos los implicados afirman que no tienen nada que ver con el asunto y aseguran que están tranquilos porque han pagado religiosamente a Hacienda. De acuerdo con los datos publicados, en los paraísos fiscales se esconden 7,6 billones de dólares, una cantidad que supera el PIB de Alemania y Reino Unido juntos. Si se rebusca en el hemerográfico el resultado es que los ricos, conocidos y poderosos protagonistas de estas historias en paraísos fiscales suelen tener alma de profesores y no dejaron de decirnos lo que era bueno y malo.

Respecto al escándalo panameño, la primera víctima en caer fue el primer ministro de Islandia, Sigmundur Gunnlaugsson, quien pasó de héroe a villano. Al asumir el reto de un país en reconstrucción tras dejar caer a sus bancos, Gunnlaugsson se había convertido en un joven político capaz de volver a llevar al paro a la tasa del 4 % y mantener en el 43 % el gasto en materia de Bienestar. Eso sí con dinero abonado por los islandeses respetuosos con el fisco, entre los que no parece que estuviera Gunnlaugsson. El ya ex primer ministro pasará a la historia con su frase redonda dirigida al país durante la brutal crisis económica del 2008: «Los políticos siempre tienen algo de qué preocuparse». Seguro que razón no le falta porque en los papeles de Panamá también figuran nombres de íntimos amigos del presidente ruso, Vladimir Putin. Su personalidad le impulsó, con motivo de su 56 cumpleaños, a lanzar un deuvedé en el que se le veía como un karateca invencible, y le permitió defender públicamente que en Rusia no hay presos políticos y sí tranquilidad económica: «Si una persona es castigada en virtud de la ley, es algo que también se supera con el tiempo. Lo importante es la estabilidad. El poder debe ser fuerte, consecuente y justo. Y si esto se refleja en las leyes y en la práctica judicial, los inversores entenderán que tenemos una situación estable». También figura en la trama el primer ministro británico, David Cameron, que aludió a los inmigrantes de África y Oriente Medio como una plaga que quiere llegar a un país «increíble», y el presidente argentino, Mauricio Macri, quien advirtió a sus funcionarios de que «cualquiera que toque un peso que no le pertenece, el primer problema lo va a tener conmigo». En los papeles de Panamá, España nada tiene que envidiarle al resto del mundo. Aparece la esposa del eurodiputado popular Arias Cañete, que en su biografía cuenta con frases como: «En España se vive mejor con menos dinero»; la hermana del rey emérito, Pilar de Borbón, que culpó a la prensa de la escandalera de Iñaki Urdangarin y advirtió de que «nadie es culpable hasta que los jueces lo digan, por lo que mientras tanto, a callar»; el director Pedro Almodóvar, para quien «el único premio posible es el dinero. Es mucho más decorativo que una estatuilla, porque puedes comprarte un traje de Armani», y el actor Imanol Arias, quien en una entrevista televisiva mandó un recado al próximo presidente del Gobierno: «Si se consigue atajar la corrupción podríamos ir respirando». En definitiva, no es necesario que los presuntos de Panamá nos den más lecciones morales.

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