Los retos del otro AVE gallego: sin túneles, con camellos en la vía, a 50 grados y en suelo vetado

El tren Medina-La Meca afronta su fase final intentando salvar la complejidad técnica y la burocracia religiosa.  Para la ourensana Copasa, el AVE a La Meca es un gran escaparate para crecer en la región


Cuentan los ingenieros que han seguido este proyecto que hace diez, doce años, recibieron una llamada de sus jefes: «Échale un ojo a esto que quieren hacer en Arabia Saudí. Pero no pierdas mucho el tiempo, porque no se va a hacer». Era el AVE Medina-La Meca, un tren de alta velocidad pensando exclusivamente para peregrinos religiosos -el único tipo de turismo que facilita ese país-, con una inversión pública brutal (más de 12.000 millones de euros). Cuando se realizó aquella llamada realmente parecía un espejismo en medio del desierto.

Aquella ilusión es hoy palpable. Y todo apunta a que en el 2018 se podrán montar en los Talgo los primeros peregrinos. Se esperan miles cada día entre las dos ciudades sagradas del Islam.

Pero hasta conseguirlo, ha pasado (casi) de todo. Desde un concurso público mundial que fue como un Guadiana -aparecía y desaparecía- hasta las actuales dificultades para completar la obra. El proyecto, a grandes trazos, se dividió en dos. El primero, la plataforma -es decir, la ruta, la explanación de todo el terreno- se adjudicó a un consorcio chino-saudí; porque para trabajar en ese país hace falta siempre ir con un padrino local. El segundo, la construcción de la vía, los trenes, la electrificación, la tecnología, el mantenimiento, la propia logística en las estaciones... correspondió a un consorcio español en el que participan todos los gigantes: desde ACS a OHL, Talgo, Renfe... Y una constructora mediana de Galicia, Copasa, con experiencia en alta velocidad y para la que el AVE Medina-La Meca es un escaparate fabuloso a nivel mundial. De hecho, ya negocia otras obras en la región.

La ourensana se ha llevado a Arabia, además, a subcontratas gallegas, desde el cátering para el campamento de expatriados hasta especialistas en obras ferroviarias. De ahí que algunos en el campamento no duden en hablar de otro AVE gallego.

Ahora bien, lo que se encuentran en ese punto del globo poco tiene que ver con lo que ven en las obras gallegas. Por ejemplo, los dromedarios con los que se topan a pie de vía. Animales que las poblaciones de beduinos que hay por el camino dejan sueltos y que se cuelan por roturas del vallado. Ya ha habido algún accidente con ellos al paso de las máquinas. La ley saudí -cosas de ese país- marca que la culpa es del dueño del dromedario si es de noche; y de la empresa, si es de día.

Partiendo una montaña

El recorrido, aparentemente, es sencillo. Medio millar de kilómetros por el medio de un pedregal. Pero, atención, sin un solo túnel para salvar las montañas (que las hay) del recorrido. Por algún motivo, vinculado a la tradición, el país prohíbe este tipo de soluciones. Algo inconcebible en Occidente. Así que, primer problema no resuelto: se está partiendo una enorme mole de piedra en la zona más cercana a La Meca. Esta parte de la obra es la que ejecuta el grupo chino-saudí (ahora solo saudí, porque los asiáticos se han ido). Y hasta que estos no acaben, el trabajo de Copasa (vías, traviesas...) no podrá seguir. De ahí que dar plazos de conclusión (la obra en sí podría estar este año), explican los ingenieros, sea arriesgado.

Sí se ha salvado el reto de las tormentas de arena, en las zonas en que hay (porque la mayoría del recorrido pasa por un inmenso pedregal). Se ha optado por sustituir la piedra de la base por puro hormigón, y un sistema que evita que se concentre arena en las vías. Reto resuelto por la técnica.

Infieles, no

Pero con lo que la ingeniería no puede es con el componente religioso. Y eso es muy relevante porque el trazado es entre dos ciudades santas, vetadas a los no musulmanes. Por el momento, el enlace con Medina está listo: la estación de Norman Foster (hay 5 idénticas en el recorrido, inmensa cada una) no llega al recinto sagrado. En La Meca, sí. Y de momento las autoridades religiosas de esa ciudad no autorizan a que infieles pongan allí un pie. Toca negociar. La religión lo condiciona todo en un país que se para, literalmente, cinco veces al día para cumplir con el rezo.

Y por si fuera poco, algo que no conviene perder nunca de vista: el calor tremendo, hasta 50 grados, en un lugar del que, se dice, solo tiene dos estaciones: verano e infierno.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
5 votos
Comentarios

Los retos del otro AVE gallego: sin túneles, con camellos en la vía, a 50 grados y en suelo vetado