Antonio Dieter Moure: El amante del románico que no tiene pelos en la lengua

Antonio Dieter Moure, aficionado al arte e hincha del Madrid, ha sido hasta presidente de la federación ourensana de balonmano


ourense / la voz

Antonio Dieter es el primer profesor al frente de los empresarios gallegos. Y es que ha dedicado toda su carrera a la enseñanza. En 1975 fundó en Ourense el colegio Valle Inclán, un centro privado de FP al que ha dedicado casi toda su vida y del que sigue siendo director. Gran aficionado a los animales -tiene una hembra de pastor alemán-, cultiva otros vicios confesables, entre ellos el románico. De hecho, es presidente de la asociación O Sorriso de Daniel, una agrupación que tiene como objetivo la defensa y divulgación del patrimonio románico gallego. Así que el tiempo libre lo llena con las salidas que organizan desde la agrupación casi todos los domingos, en las que visitan monumentos y, si es el caso, denuncian su estado de abandono. Además, el nuevo presidente la CEG reconoce que nunca se acuesta «sin haber leído por los menos media hora» y asegura que ve poco la televisión, salvo algunos informativos o cuando hay partido del Real Madrid, equipo del que es un gran aficionado.

Padre de un hijo de 30 años, se define a sí mismo como una persona «reivindicativa», una característica de su personalidad que conocen bien en la Confederación Empresarial de Ourense. Así, es habitual, en cada junta directiva, que Antonio Dieter Moure tome la palabra y pregunte sobre cuestiones que no entiende y ponga en duda propuestas que no le parecen adecuadas. Algunos de los que lo conocen afirman que le gusta «ir a contracorriente». Él se defiende: simplemente, no le va lo de callarse ante lo que no comparte. «No soy un palmero». De ideas claras y personalidad bien forjada «pero moderada», Dieter dice no alterarse con facilidad y promete que siempre ejerce la crítica con respeto.

A sus 64 años, los cargos en puestos de gestión no le son ajenos a este ourensano, que dice verse «como un chaval». Además de presidente de la asociación provincial de empresas de formación, es secretario general de la confederación de negocios de ese sector, e incluso fue miembro de la junta directiva de la CEG durante ocho años.

Y eso no es todo. Su afición por el deporte lo condujo a la presidencia de la federación provincial de balonmano y fue también fundador y primer presidente de la fundación Mestre Mateo, una entidad que promueve la inserción o mejora profesional de jóvenes con carencias económicas o de adaptación social.

Pese a que hubo voces que relacionaron su candidatura con los «manejos» de Antonio Fontenla, expresidente de la patronal gallega y líder de los empresarios de A Coruña, él se definió como «independiente, renovador, transparente». Y, sobre todo, como un buen perdedor. «Si no gano las elecciones, me iré a mi casa y tenderé la mano al otro candidato», aseguró en la recta final de campaña. 

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