Ana Patricia, de heredera a presidenta a base de hechos

Un año después de la muerte de Emilio Botín, su sucesora ha demostrado dotes de mando tras el dramático relevo: nuevo consejo, nuevo equipo y nueva política comercial

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redacción / la voz

Tiene que ser tremendamente difícil ponerse a los mandos de la primera entidad financiera de España y una de las mayores del mundo, con casi 120 millones de clientes, cuando llevas la marca de sucesora en la frente y apenas controlas el 0,123 % del capital. «Estoy en el Santander desde 1988. Conozco bien nuestros equipos y negocios en todo el mundo», se reivindicaba Ana Patricia Botín-Sanz de Sautuola O?Shea a los accionistas en la memoria anual del banco, la primera en la que figuraba ella como presidenta. Pero aunque lleve esos 27 años en la entidad, nada le ha valido tanto como el último curso. Doce meses se cumplen mañana de la muerte de su padre, y apenas unas horas después ella asumía un cargo al que parecía predestinada, pero que suscitaba dudas fuera de España por aquello de la sucesión a dedo, sin refrendo de los accionistas. Doce meses que le han valido para ganarse a pulso el puesto, con una gran transformación interna y externa, con luces y sombras. Estas son algunas de las claves de este año I tras Emilio Botín.

El equipo

Una revolución rápida. Apenas 77 días después de su nombramiento, Ana Botín -como desde entonces se la conoce, despojada del segundo nombre- afrontó un cambio profundo en su equipo, prescindiendo del número dos de su padre, Javier Marín, y colocando en su lugar a un ejecutivo de la casa, un tipo en la sombra formado en Económicas en la Universidade de Santiago: José Antonio Álvarez. A partir de ahí, con el nuevo consejero delegado, fue construyendo su propio equipo. Algo lógico.

El consejo

Renovación sin atender a jerarquías. Rápidos fueron también los cambios en el consejo de administración, colocando a su lado a gente de su plena confianza, como Sol Daurella (se conocen de Coca-Cola), fichada de la cúpula del Sabadell en un movimiento que disgustó a la competencia por los modos. Y se desprendió de veteranos amigos de su padre como Abel Matutes o Fernando de Asúa. Se ascendió también a consejeros anglosajones, en un gesto que se puede interpretar como un guiño a los fondos de inversión extranjeros, que controlan alrededor del 52 % del capital Santander.

La política comercial

De la Supercuenta a la Cuenta 1,2,3. Emilio Botín se hizo célebre en 1999 entre los clientes minoristas por la Supercuenta, que daba una alta remuneración cuando la rentabilidad estaba por los suelos. Ana Botín trata de romper el mercado ahora utilizando una estrategia similar con la Cuenta 1,2,3, un producto que recuerda a algunos que puso en marcha cuando dirigía el Santander en el Reino Unido y que la competencia, de puertas hacia adentro, ve con preocupación. Aún no se han ofrecido resultados, pero es la primera señal que manda la presidenta al pequeño cliente.

La solvencia

Una ampliación récord. A inicios de enero, Botín y su equipo presentaron una ampliación de capital de 7.500 millones de euros que era todo un desafío. Por la magnitud de la cifra, y porque podía exhibir debilidades al mercado. La ampliación se cubrió, pero fuentes financieras creen que, por su condición de sistémico en Europa, aún debe mejorar sus ratios de solvencia. JP Morgan apuntaba esta semana a una necesidad de hasta 5.500 millones.

Los accionistas

Unos damnificados. El banco ha cambiado su política de dividendo al accionista (tiene 3,2 millones) con un recorte de casi el 67?%, y los pequeños han visto diluido su peso en la entidad tras aquella ampliación. Lo positivo: se les ha incrementado el pago en efectivo. En todo caso, la evolución en bolsa de la entidad ha seguido una senda descendente: de los 7,7 euros por título en septiembre del 2014, a los 5,1 actuales; de superar el año pasado los 100.000 millones de valor, a los 75.000 actuales.

Satisfacción del cliente

Un «debe mejorar». Es una de las obsesiones de la presidenta, capaz de pasarse por alguna oficina de forma inesperada para palpar lo que opinan los clientes. Pero el grado de satisfacción en los últimos doce meses ha ido a la baja, según las encuestas publicadas por la propia entidad. En el caso de España, de un 87,2?% que se decían satisfechos al cierre del 2013, a un 85 % al acabar el 2014, justo con Ana Botín al frente de la entidad.

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