«De los tiempos buenos no aprendes nada, nosotros vamos donde hay crisis»

Gerardo García Gómez, gallego hijo de la emigración, ha logrado montar desde Panamá una de las mayores corredurías de seguros del mundo


nueva york / corresponsal

Hijo de la emigración, de una familia procedente de Albarellos (Boborás, Ourense), Gerardo García (Ciudad de Panamá, 1966) es la encarnación perfecta del emprendedor. Como no quería dedicarse al negocio familiar de los muebles decidió crear su propia empresa. Empezó con pequeños negocios y pronto se centró en los seguros. Ahí descubrió un nicho de mercado del que nadie se ocupaba: personas de bajos recursos que casi siempre subsisten fuera de la economía formal. Y ese es el mercado de Gerardo García desde entonces. Ha creado un enorme conglomerado de empresas de seguros, reaseguros y finanzas con su grupo Barents Re, y se mueve ya en más de medio mundo. Su empresa tiene un capital que supera los 550 millones de dólares (485, en euros) y más de seiscientos empleados. Un enorme negocio montado alrededor de un producto que está en auge: los microseguros. El origen, dice, ha marcado su carrera profesional: «La emigración es algo que te marca, te hace el carácter. Yo creo que es un factor que te amolda».

-Usted empezó en Panamá pero desde hace unos años sus empresas operan en medio mundo?

-Primero nos convertimos en la primera reaseguradora de América Latina y hace cuatro años iniciamos la consolidación internacional, pero cuando decidí salir de América Latina no fue a Europa. Primero fui al norte de África. Y del norte de África llegué a Beirut, al Líbano.

-¿Por qué ese camino?

-Porque cuando llegas desde países en vías de desarrollo no puedes ir de golpe al mundo desarrollado. Has de ir antes a lugares con los que tengas más afinidad. Comencé en Marruecos, luego Argelia y de ahí al Líbano. E igual que hice en América Latina, fui con una mentalidad muy simple: yo iba a un país y no me iba al siguiente hasta que no tenía el negocio consolidado. Después a los Emiratos, Turquía y hasta la India. Por un período de tiempo me dediqué a consolidar esa operación. Y cuando vino la crisis en Europa, decidí que era un momento propicio para empezar allí.

-¿Por qué cuando todo el mundo estaba, económicamente, huyendo de Europa usted decidió desembarcar allí?

-Para empezar, yo creo que en Europa no saben lo que es una crisis. Si algo te enseña América Latina es a vivir en un ambiente constante de crisis, pero crisis de verdad, con volatilidades tremendas, con unas devaluaciones enormes. Además, es que esa es nuestra filosofía: nosotros vamos donde hay crisis.

-¿Qué ventajas le vio?

-Más oportunidades. Nosotros veníamos de ser una reaseguradora latinoamericana. Si hubiéramos llegado a Europa en sus buenos momentos, hubieran dicho: «¿Pero qué hace este aquí?». Pero cuando entramos resulta que nuestra calificación de riesgo era superior a la de, por ejemplo, las compañías en España.  Además, los productos que nosotros desarrollamos en América Latina, en el norte de África y en Oriente Próximo son para personas que tienen necesidades de aseguramiento, pero no necesariamente ingresos discrecionales.

-¿Qué tipo de productos?

-Por ejemplo, si tú eres un trabajador de clase baja en México puede que no ganes mucho dinero, pero eso no significa que no quieras un seguro para tu vida o que no quieras garantizar la educación de tus hijos. El problema es que no puedes pagar una prima como las convencionales. El reto en América Latina fue desarrollar productos de microseguros que, por primas muy bajas, garantizan un nivel de protección.  Porque ese señor no necesita 500.000 dólares de póliza que, además, no podría pagar. Pero 20.000 o 30.000 dólares sí son una solución para él.

-¿Y dónde venden esos microseguros?

-Empezamos en América Latina y seguimos en el norte de África, Oriente Próximo y Asia. Y lo que ha ocurrido es que antes de la crisis no había apetito por esos productos en Europa. Pero cuando llega la crisis, las personas no pueden pagar las primas de sus seguros de vida. Tienen que reducir gastos, pero todavía tienen necesidad de algún tipo de cobertura básica. Por eso abrimos en Europa, primero en Francia, luego en Italia, que hoy en día es nuestro primer mercado en Europa, y después en Inglaterra. Una de nuestras últimas oficinas en Europa fue la de Madrid, el año pasado.

-¿Y le ha ido bien?

-Sí, con la crisis nos ha ido muy bien. Es que las crisis son muy buenas. De hecho, nosotros estamos enfocados desde hace dos años, y ahora con más énfasis, en Grecia, donde estamos desarrollando una operación bastante diversificada, pero que también va muy bien.

-¿Son muy buenas las crisis?

-Sí, porque de los tiempos buenos no aprendes nada. Las crisis son las que te dan las lecciones de las que aprendes.

-¿Cree que España y Galicia han aprendido algo con todo lo que ha pasado?

-Sí, varias lecciones importantes. La primera, que el mercado natural de las empresas españolas es el mundo y que hay que exportar. Y, segundo, que el Estado tiene algún rol dentro de la economía, pero que al final no te va a resolver los problemas. Lo que ocurrió durante la crisis es que las empresas españolas, y mucho más las compañías gallegas, se volcaron en el resto del mundo porque no podían vender en España. Y fíjese lo que ha pasado con el sistema financiero gallego: yo creo que crear Abanca fue lo mejor que le podía pasar a Galicia. Han pasado cosas transformadoras que no hubieran pasado si no hubiera habido crisis.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
13 votos
Comentarios

«De los tiempos buenos no aprendes nada, nosotros vamos donde hay crisis»