Un gigante ahora sin ideas

China, la locomotora de las economías emergentes, frena y ninguno de los viajeros que van a bordo del tren asiático sabe ni el impacto ni la duración de la frenada


China, la locomotora de las economías emergentes, frena y ninguno de los viajeros que van a bordo del tren asiático sabe ni el impacto ni la duración de la frenada. Por tanto, eligen el camino más fácil: tirarse en marcha. Y esto implica salirse de los mercados más volátiles, los bursátiles, y refugiarse en liquidez o en deuda soberana de máxima calidad. Ahí tiene el motivo por el cual ayer la prima de riesgo española ha sufrido mucho menos que el Ibex. Habrá que ver cómo se desarrolla hoy la subasta del Tesoro, pero en todo caso no es esperable que nuestro país tenga problemas de calado a la hora de financiarse, ni ahora ni en un futuro inmediato. Otros, como Alemania, ya han empezado a recibir liquidez externa.

Hay una amenaza evidente de enfriamiento económico global, que se iniciaría en China y se extendería a la máxima velocidad por América Latina, este de Asia y las economías desarrolladas de África. Si esto ocurriese, los efectos se harían sentir en España, y lógicamente en Galicia, especialmente en las compañías con mayor de penetración en este tipo de economías, como es la industria textil o la obra pública.

Los mercados le exigen respuestas al Gobierno de China, y este, minusvalorando las demandas de los inversores, respondió permitiendo que el 30 % del importe atesorado en los fondos de pensiones se destinase a valores bursátiles. Desde luego la medida, al margen de mostrar bien poco sentido común y bastante menosprecio por los partícipes de los planes de pensiones, ha sido observada como insuficiente. Es cierto que bastantes casas de bolsa solicitan hoy a gritos que las autoridades chinas inyecten más y más liquidez, que compren papel y de este modo neutralicen las bajadas. Pero la oscuridad solo se supera con más luz, y la única que puede alumbrar es la que se construya sobre un plan sólido de crecimiento. Pero, esto, y muchos los sabemos, no es posible. Y no lo es por una causa muy simple: porque no estamos ante un automóvil sin gasolina, nos encontramos ante un cuerpo económico agotado y que está obligado a reinventarse. Por ello, porque el camino no será inmediato, observamos fugas hacía las zonas dólar y euro. Movimientos de capitales que, por un lado, aportarán más liquidez a las economías más desarrolladas y por otro destrozarán, vía reducción de exportaciones, sus balanzas comerciales.

El efecto contagio

¿Qué nos espera? Habrá que esperar a valorar las reacciones de las autoridades monetarias chinas. En todo caso, la fuga de divisas que querían evitar con las devaluaciones de días pasados ya son papel mojado, inservibles. Si hay suerte tampoco respire tranquilo, ningún país es capaz de cambiar de modelo sin sobresaltos, y este no va a ser su excepción. Sus gripes serán neumonías en los exportadores de materias primas, y en esa situación tenemos muchos países hermanos. Por ello, no descarte que mañana hablemos de Perú, Chile, Brasil o Argentina; por no mencionar a Angola o Nigeria. Lo ve negro, ¿verdad?  Las bolsas también.

Venancio Salcines es presidente de la Escuela de Finanzas

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