«Queremos producir para poder vivir», un lema vigente 25 años después

Tras más de dos décadas desde la gran tractorada que bloqueó Galicia, el lácteo se enfrenta de nuevo a una crisis de precios que amenaza la continuidad de las granjas supervivientes

En pie para defender al sector. En la imagen, de izquierda a derecha, José Ángel, Patricia, Mari Luz, Alfonso y Antonio en Cambás.
En pie para defender al sector. En la imagen, de izquierda a derecha, José Ángel, Patricia, Mari Luz, Alfonso y Antonio en Cambás.

redacción / la voz

En septiembre de 1990 más de 40.000 tractores, la mitad del parque de la época, ocuparon Galicia durante 36 horas. Bloquearon las estaciones de autobuses, de tren e incluso los aeropuertos. Habían salido a la calle para protestar por la aplicación de la supertasa, la multa que debían pagar aquellas granjas que habían excedido la producción que tras la entrada de España en la UE les había impuesto Europa. «Queremos producir para vivir» era uno de los lemas que enarbolaban. Aunque aquella reivindicación continúa vigente 25 años después de la que fue la mayor tractorada de la historia de la comunidad, hoy el escenario es muy diferente. El enemigo ya no es la UE, es mucho más difuso. Porque tras la desaparición de las cuotas lácteas, el pasado 1 de abril, los ganaderos gallegos se enfrentan ahora al mercado.

Cerca de la salida de la A-6 hacia Montesalgueiro, en dirección a Guitiriz, hay un desvío a la derecha. La carretera está escoltada por carballos cuyas copas se abrazan desde un lado y otro de la vía para dar sombra a los coches que pasan. A medida que se avanza hasta la parroquia de Cambás, en el concello coruñés de Aranga, ese paisaje boscoso va dando paso a otro inundado de vastas colinas sembradas de maíz. Los cultivos no son más que parte del alimento con el que los ganaderos de los 69 establos que todavía conserva esta parroquia de 110 casas dan de comer a sus 3.908 vacas. Los últimos datos que maneja la Xunta indican que en el 2013 había en Galicia 34.068 granjas ( 10.570 dedicadas a la leche) con 531.968 cabezas.

Gran solidaridad

La parroquia de Cambás no ha perdido en todo ese tiempo sus raíces ganaderas, ligadas fundamentalmente al sector lácteo y, hasta que el lobo lo permita, también a la carne. «Desa parroquia coruñesa sempre foron a todas as tractoradas, son xente moi solidaria. Cando chegabamos o resto a algún lado, alí estaban xa os de Cambás», recuerda un histórico líder de las protestas agrarias gallegas.

Antonio García fue uno de los que hace más de dos décadas condujo su tractor hasta Montesalgueiro para cortar el tráfico. Eran un montón por toda Galicia. Es verdad que entonces el número de granjas, aunque pequeñas, era más del doble. Un total de 78.032 en 1993. El jueves volvió a llevar su vehículo de trabajo a Vilalba. Fue a cuarenta por hora. Despacio para que no lo multasen. El 27 prevé ir a Teixeiro?¿. «Aos de aquí tócanos Teixeiro, fumos a Vilalba por solidaridade», explica.

Y echa la vista atrás para repasar cómo han cambiado las cosas: «Daquela había moito medo ás cuotas. Nos 90 protestabamos porque a tasa de produción que nos deran era moi pouca. No noso caso foran pouco máis de 70.000 quilos, pero a un cuñado déranlle so 35.000. Despois pouco a pouco fumos mercando e agora ordeñamos unhas 70 vacas e xuntaramos 700.000 quilos. Pero aínda estamos pagando un crédito que colleramos para pagar cuota».

La transformación que experimentó la granja de Antonio a lo largo de las últimas dos décadas refleja el cambio de un sector que, cuando España entró en la UE, no estaba preparado para competir con países con un tejido lácteo mucho más avanzado como Francia o Holanda. El reparto de cuota se había realizado en función de la producción declarada a mediados de los ochenta por los ganaderos. «Dependía un pouco de quen te asesorara á hora de declarar todo o leite. Como non sabían que ía pasar houbo os que declararon pouco e logo claro... Recordo unha granxa dunha muller que debía ter unha vaca que lle saía a un litro ao día», dice José Ángel, técnico de la cooperativa Cusoviame.

La cuestión es que cuando Bruselas realizó el reparto de cuotas el tejido lácteo gallego no estaba desarrollado. La mayor parte eran granjas familiares que no tenían un modelo capaz de competir. Para Maite Ferreiro, que entonces trabajaba en Comsóns Labregas, lo que pasó fue «que as nosas granxas tiñan un modelo de traballar artesanal, había que deixalas medrar. Empezaron a poñerse circuitos de ordeño, empezaron a mecanizarse e comezaron a mellorar en calidade de vida».

Los que no abandonaron fueron adaptándose para no acabar muriendo. Lo lograron con ayudas de la UE, pero también asumiendo un gran riesgo que muchos aún están pagando. «Moitos foron deixando todo e entón fumos mercando cota sobre todo á xente maior. Había moita pola zona de Moeche. Pero tiñas que agardar que aprobaran o cambio de titulariedade... Chegouse a pagar 20 pesetas o quilo, aínda que nos comenzamos pagando xa 40 pesetas», explica Antonio.

«Foi moita a inversión e mellorouse moito, pero o problema é que case facíamos os mesmos cartos co leite antes con menos vacas porque no 1989 pagaban o litro a 58 pesetas ou trinta e cinco céntimos de euro», comenta Ángel Carballeira. Es también de Cambás. Como Antonio también estuvo en el corte de Montesalgueiro.

Para ganaderos como ellos, que apostaron por convertirse en empresarios, la eliminación de las cuotas ha vuelto a ponerlos contra las cuerdas. «Desapareceron a cotas administrativas, pero agora é a industria a que as pon e faino en base ao que produxeche o ano anterior», apuntan ahora. La industria, que como dicen no respeta los contratos, achaca el problema al mercado. Pero creen que algo podrá hacerse. No les vale la respuesta.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
9 votos
Comentarios

«Queremos producir para poder vivir», un lema vigente 25 años después