El conductor de bus que soñaba con erradicar la pobreza, y erradicó la suya

El portugués ideó hace dos años una trama piramidal con la que estafó 1.000 millones; hay cientos de gallegos atrapados


Vigo / La Voz

Rui Pires Salvador es un antiguo conductor de autobús que dijo que quería terminar con la pobreza y lo hizo, al menos con la suya.

Su estafa crece por momentos, y afecta ya a casi 3 millones de personas de 26 países a los que ofreció un enriquecimiento rápido con una pequeña inversión: 6.000 euros de media. Ahora el presidente de Libertagia, la empresa on-line que sirvió de gancho para el timo y que curiosamente no levantó sospechas por tener su sede en las Bahamas, se encuentra en paradero desconocido, aunque algunas fuentes portuguesas lo sitúan en una lujosa mansión a las afueras de Lisboa. Existe la misma incógnita sobre el paradero de los más de 1.000 millones de euros de los inversores que cayeron en la trampa, entre ellos, varios centenares de gallegos que se dejaron engatusar.

Todo comenzó en octubre del 2013 en el Parque de las Naciones en Lisboa. Fue allí donde Rui Salvador dio una charla a un centenar de personas, acompañado por un abogado que dio fe de la veracidad del proyecto.

La idea era buena, y las promesas de generosas remuneraciones no tardaron en incrementar la lista de inversores. ¿Qué empresa puede ofrecer una rentabilidad anual de hasta el 350 % a cambio de ver anuncios en Internet? El trabajo era muy sencillo, no hacían falta conocimientos y por 5 minutos diarios de dedicación ofrecía ganar hasta 70 euros diarios a sus socios. Así fue creciendo Libertagia en todo el mundo, y así comenzó su conexión con Galicia. El primer viaje a España de Rui Pires Salvador fue a Valencia. Según los informes policiales, en un encuentro celebrado en la Ciudad de las Artes y las Ciencias consiguió recaudar 5 millones de euros.

En el 2014, el presunto estafador desembarcó en A Coruña. La firma abrió una oficina en la calle Emilio González López, en el barrio de Los Rosales de la ciudad gallega, en la que no queda rastro de Libertagia: no hay actividad alguna, dicen los vecinos, y tampoco rótulo que indique el nombre de la empresa.

El dinero de aquella inversión se esfumó, no se pagaron las rentabilidades y mientras Internet sigue saturada publicidad favorable e invitaciones a invertir en la empresa, la estafa ya ha llegado a los juzgados.

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