Leche barata en el campo: ¿razones de mercado o estrategia industrial?

El volumen de importaciones desmiente que el excedente sea tan elevado

Evolución de la importación de leche en España Evolución de la importación de leche en España

santiago / la voz

Las diez mil explotaciones lácteas gallegas han iniciado su nueva andadura en un mercado sin cuotas lácteas bajo la amenaza de la más grave crisis que se recuerda. El precio medio del litro está en 0,27 euros, el más bajo desde el verano del 2009, según la serie histórica. La viabilidad económica a corto plazo de muchas granjas está en entredicho. Y la crisis amenaza con arrastrar las economías de las comarcas de mayor vocación ganadera.

Tanto es así, que la recién constituida plataforma en defensa del sector no solo agrupa a sindicatos y organizaciones de productores sino a cooperativas y alcaldes. Hoy está prevista una multitudinaria manifestación en Santiago. Los ganaderos han asumido que estamos ante un escenario volátil y que el contexto internacional, donde sobra leche a nivel mundial, tira los precios a la baja. La cuestión es determinar si lo que se le paga a los ganaderos gallegos se justifica en su totalidad por esa coyuntura. Y aquí es donde surgen las dudas. Las explotaciones gallegas reciben entre dos y tres céntimos menos que las del resto del país, una brecha que no solo se explica por los mayores costes de transporte. Pero la clave está en determinar si existe un excedente tan alto de productos lácteos como para adquirir la leche a las granjas a precios tan extremadamente bajos. España consume más de nueve millones de toneladas de leche y venía produciendo 6,5; los datos de importaciones demuestran que la llegada de producto foráneo ha bajado incluso en los últimos tres años. Y que a lo largo de este 2015, se mantiene la tendencia. Por tanto, no parece que sea la entrada de leche foránea la única causa para explicar por qué hay explotaciones en Galicia que cobran el litro por debajo de 0,27 euros.

La distribución sigue utilizando esta materia prima como producto reclamo en los lineales de venta. Y ahí nada ha cambiado con el fin de las cuotas. Y la industria sigue librando un pulso con el Gobierno central por su descontento con el llamado paquete lácteo: discrepa sobre la obligatoriedad mínima de un año en los contratos y sobre contenidos como la necesidad de presentar una oferta previa.

Y muchas empresas están aprovechando la coyuntura internacional para ajustar mejor sus márgenes.

El resultado es que, más allá de lo que ocurra en el mundo, Galicia se enfrenta a una nueva crisis estructural en un sector estratégico sin los deberes hechos; ha fracasado de forma estrepitosa la política pública autonómica encaminada a proveer a los ganaderos de tierra inutilizada para que puedan reducir más los costes de alimentación del ganado mediante pastos; no existen mecanismos legales a nivel de Estado que impidan los abusos de las industrias en las negociaciones con las explotaciones lácteas para fijar el precio por litro; las empresas apenas se han modernizado y siguen envasando leche líquida sin nuevos productos de más valor añadido; y sobre todo, lo que es más grave: los eslabones de la cadena de valor, igual que hacían antes, van por libre sin una visión conjunta de todo el sector.

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