La OCDE alerta de que, sin empleo juvenil de calidad, la precariedad se hará crónica

España será el país desarrollado que más puestos de trabajo creará hasta el 2016, pero solo la mitad de los asalariados con contrato temporal conseguirán ser fijos en diez años

Radiografía del empleo de la OCDE Radiografía del empleo de la OCDE

Redacción / La Voz

El diagnóstico sobre el mercado laboral español que traza la OCDE en su último informe sobre las perspectivas del empleo en el mundo es lo más parecido a una ducha escocesa. El organismo que agrupa a los 34 países más desarrollados aplica primero un buen baño de agua caliente y sitúa a España como el país en el que más empleo se creará entre este año y el próximo, con un crecimiento del 2,9 % en este 2015 y un 2,8 % adicional en el próximo ejercicio. Cifras con las que solo puede competir Islandia, donde el mayor repunte este año (4,1 %) se ralentizará notablemente en el 2016, con lo que el acumulado es menor.

Un desempeño que permitirá situar la tasa de paro en el 19,7% a finales del año que viene, la primera vez que se bajará del listón del 20 % desde el 2009.

Pero si las grandes cifras dibujan un escenario muy favorable, el informe se encarga de aplicar a continuación un jarro de agua fría para matizar el optimismo y recordar que la calidad del empleo que se crea no solo no es óptima en el presente sino que, de no mejorar, puede condicionar el futuro laboral de toda una generación.

Recuerda el organismo internacional que «el mercado de trabajo español sigue segmentado». Un 24 % de los trabajadores tienen un contrato temporal, una cifra que solo supera Polonia y que, si bien es cierto que es más baja que en el 2007, lo es porque el grueso de los puestos de trabajo destruidos en la crisis eran temporales. Y recuerda que, pese a que uno de los objetivos de la reforma laboral era precisamente impulsar el empleo indefinido, «la mayoría de los contratos firmados durante la recuperación reciente han sido temporales».

Si uno de cada cuatro puestos de trabajo tienen fecha de caducidad, uno de cada diez son medias jornadas «involuntarias», esto es, asalariados a los que les gustaría trabajar a tiempo completo pero no encuentran dónde hacerlo. Una lacra, la de la precariedad, que es todavía más acusada en el caso de los jóvenes.

Etapa clave

Además de constatar las cifras récord de paro juvenil y de ninis, la OCDE recuerda en su informe que «los primeros diez años de carrera son cruciales para la proyección de ingresos y empleo» durante toda la vida laboral, por lo que advierte de que «la persistencia del desempleo juvenil y la abundancia de contratos temporales entre los jóvenes españoles podrían estar comprometiendo perspectivas laborales a largo plazo», minando sus expectativas salariales y aumentando la desigualdad futura.

Y, para ilustrar el riesgo de que la precariedad se haga crónica, el organismo hace un estudio sobre las probabilidades de transitar del desempleo o de un contrato temporal a otro indefinido. En ambos casos, España es el país que sale peor parado. De los que ahora tienen que conformarse con un empleo de duración determinada, solo un 14,5 % disfrutarán de un contrato indefinido dentro de un año. Dentro de tres, el porcentaje será el doble. Y, cuando haya pasado un decenio, apenas un 48,7 %, menos de la mitad, habrán conseguido la deseada estabilidad laboral. Un porcentaje que cae en cinco puntos para los que acaban de salir del paro.

Escasa confianza en el SEPE

El informe de la OCDE cuestiona también el «insuficiente» gasto en políticas activas y el papel del servicio público de empleo en España. Y es que, de todos los contratados en el último año, el SEPE apenas ayudó al 2 % a encontrar ese puesto. Aunque también es cierto que -quizás por la falta de confianza- apenas un tercio de los parados contacta con las oficinas de empleo para buscar trabajo. Ocho de cada diez optan por acudir directamente a las empresas y el 90 % recurren a sus contactos.

Los españoles trabajan una hora más al día que los alemanes

Cada español trabaja, de media, 1.689 horas al año, 300 más que un alemán promedio que, con 1.371, trabaja una hora diaria menos y es el que disfruta de la jornada laboral más corta de los 34 países que integran la OCDE.

De hecho, los germanos trabajan 671 horas anuales menos que los griegos, los únicos de este club de economías desarrolladas, junto con los mexicanos, que sobrepasan el listón de las dos mil horas de trabajo al año.

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