Entre el euro y el dra(c)ma

Los Tratados de la Unión no prevén la salida de la divisa única, y muchos juristas mantienen que para dejar la eurozona hay que abandonar la UE


Redacción / La Voz

A escasas horas de que expirase la famosa prórroga del rescate y venciese el plazo para satisfacer el pago de los 1.544 millones de euros que Grecia debía abonar al FMI, ayer todo eran prisas para evitar lo peor: la bancarrota helena y una más que probable salida del país heleno del club del euro. Prisas y advertencias a Tsipras. La de mayor calibre, la que le lanzó, desde las páginas del diario económico Les Echos, Benoit Coeuré, el representante francés en el consejo ejecutivo del BCE. «La salida de Grecia de la zona euro, desgraciadamente, ya no puede descartarse», soltó. Mientras, desde el Ejecutivo griego enfatizaban la disposición a emplear todos los medios a su alcance para evitar la expulsión, incluida la apelación al Tribunal Europeo de Justicia.

¿Puede de verdad Grecia abandonar la moneda única o ser expulsada por sus socios?

Sí, pero, sobre todo, no. Al menos, con los instrumentos que hay ahora mismo sobre la mesa de Europa. Los tratados europeos no contemplan que un Estado miembro pueda salir del euro. Y no es casual. Cuando se redactaron, lo que se buscaba era proclamar al mundo que el logro estrella de la integración europea -la divisa única- no tenía marcha atrás. Que era irreversible.

El artículo 50 del Tratado de la UE asegura que todo Estado miembro «podrá decidir, de conformidad con sus normas constitucionales, retirarse de la Unión». Y en caso de que no exista acuerdo con el Consejo Europeo, su salida se haría efectiva a los «dos años» (50.3). Sin embargo, nada se dice de la eurozona. Ni de una salida voluntaria, ni, mucho menos, de una expulsión. En el caso de UE, esta última solo podría ser temporal y en supuestos de enorme gravedad. ¿Qué significa esto? Según muchos juristas, que un país solo puede abandonar la eurozona si se marcha también de la UE.

Nadie puede, pues, expulsar a Grecia del club del euro. Sin su plácet, continuará sine die dentro? Aunque podría estarlo sin euros. O incluso estar fuera del club pero seguir usando euros. Montenegro y Kosovo no son miembros, pero emplean la moneda.

De locos. Por partes, para entender mejor el galimatías.

¿Qué alternativas monetarias tiene Grecia?

Hay varias. Tras el impago al FMI, con los mercados internacionales cerrados a cal y canto a todo lo que huela a Grecia y el grifo del BCE cegado, el Gobierno de Tsipras podría optar por emitir pagarés. Una suerte de segunda moneda que solo funcionaría dentro de las fronteras helenas y que serviría, entre otras cosas, para abonar las pensiones y los sueldos de los funcionarios. Es lo que en el lenguaje financiero se conoce como IOU (del inglés I owe you, Te lo debo). Los famosos patacones que Argentina puso en circulación tras el corralito.

También podría recurrir a los los conocidos como Certificados de Adelantos Fiscales (CAF). El Gobierno los firmaría a cambio de una determinada cantidad de dinero, cuantía esa misma -o algo superior, normalmente- que luego se descontaría de los impuestos.

Podría también emitir una segunda moneda física. Desempolvar los viejos dracmas. Su moneda hasta el 2002. Aunque, precisan los juristas, los tratados no permiten eso de dos divisas.

Y, todo ello, formando parte de la eurozona, contando con uno de los 19 sillones del consejo de gobierno del Banco Central Europeo reservados para los países. De locos es poco.

¿Y si se va del euro?

Puede que nadie tenga la posibilidad de echar a Grecia del club del euro, pero sí invitarla a que tome las de Villadiego. Compartir vida con quien no te quiere a su lado puede ser duro. Mucho.

Entonces sí, Grecia tendría que emitir una nueva divisa. Algo en lo que, según voces de la oposición helena, estaría ya trabajando el Gobierno de Tsipras. De acuerdo con los cálculos de la mayoría de los analistas, valdría la mitad que el euro. Eso significa que, de la noche a la mañana, los ciudadanos griegos verían evaporarse la mitad de sus ahorros. De ahí las prisas durante los últimos meses para sacarlo todo de los bancos. El dinero en metálico no puede sufrir esa devaluación, pero el que está atrapado en el sistema bancario sí. Y, desde el lunes, en Grecia impera un corralito.

Los griegos recibirían sus salarios y sus pensiones en una moneda mucho más débil que la divisa única. Pero, eso sí, sus deudas seguirían denominadas en euros. En ese caso, la quiebra del sector privado (empresas y ciudadanos) poco tendría que envidiarle a la del Estado.

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