Pego revela que un jefe del Banco de España le sugirió cobrar e irse

Confiesa ante el juez que se quedó «descolocado» por la recomendación


madrid / la voz

«Señoría, si me lo permite voy a hacer pública una conversación privada, que no puedo probar. A mi salida de una reunión del Banco de España, el 7 de septiembre [del 2011], Pedro González [responsable de Inspección, que se ocupaba de la fusión de las cajas gallegas] me llama cuando estoy en la puerta, en Cibeles. Me dice que he tenido un comportamiento elogiable y de lealtad hacia el Banco de España. Pero que va a haber elecciones, que posiblemente cambie el Gobierno, y que quizá todo lo que se ha dicho, se pierda en la noche de los tiempos. Que piense en mí, que sea egoísta, y que piense que si me quiero prejubilar, lo haga en la caja». Esta fue la principal revelación realizada por José Luis Pego, el que fuera director general de Caixanova y Novacaixagalicia, en la tercera jornada del juicio por las indemnizaciones millonarias.

Con esta descripción de los hechos, intentaba demostrar el nivel de implicación que tuvo el Banco de España a lo largo de todo el proceso de reestructuración financiera en Galicia, y que el supervisor no solamente conoció en todo momento -«antes durante y después»- lo sucedido con los contratos, sino que además parecía desvelarse que había una hoja de ruta para cambiar a la cúpula de la entidad.

Pego confesó que la recomendación de Pedro González lo había dejado «descolocado» y que inmediatamente se la trasladó a al asesor externo Ricardo Pradas (otro de los imputados en esta causa), quien acudió con él a la reunión.

El acusado subrayó en varias ocasiones que su intención era seguir trabajando en el futuro NCG Banco (resultado de la conversión de la caja en banco) cuando se crease. Relató así el encuentro que tuvo con los responsables del Banco de España ese mismo día, 7 de septiembre: «Les explico que estamos a una semana de la creación del banco [nacería el 14] y que yo no tengo intención de desistir de mi contrato. Que en mi caso no se preocupen para nada de mi desestimiento, que si el nuevo presidente cuenta conmigo y gozo de la confianza del Banco de España, seguiré».

Aunque se le imputa un cobro indebido por prejubilación de 7,7 millones, Pego explicó que se le acusa «erróneamente» de haber preparado su salida de la entidad para irse con más dinero. «Si me hubiera ido antes, las cantidades habrían sido mayores», dijo. El exdirectivo apostilló que los cambios de la nueva ley de cajas de ahorro de Galicia le habrían permitido desistir de su contrato e irse con una liquidación de más importe.

El juez Alfonso Guevara posibilitó que Pego hiciera una declaración pormenorizada. Muy exhaustiva. Él la llevó preparada a fondo. Folio a folio (la causa tiene más de 9.000). Aprovechó su declaración para disipar sospechas frente a las fiscales, sobre todo aquellas que se levantaron en la fase de instrucción previa.

LO QUE PERCIBIÓ

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El que fuera director general de Novacaixagalicia está acusado de apropiación indebida, administración desleal y, alternativamente, estafa.

Gorriarán cree que el supervisor mandó provisionar porque cambiaría el equipo

La declaración de Gregorio Gorriarán, que fuera responsable del área inmobiliaria de Novacaixagalicia, reveló la existencia de un documento del Banco de España, de la primera mitad del 2011, en el que se dice a los inspectores que estaban analizando la situación de la caja gallega y de las prestaciones de sus principales ejecutivos, que sería «la superioridad» y no ellos la que se encargaría de evaluar la contingencia de los cuatro contratos.

El acusado explicó que el supervisor tuvo varias ocasiones para obligar a provisionar los contratos (fusión de las cajas de Vigo, Ourense y Pontevedra, cambios trascendentes en la ley de cajas gallegas, aprobación de la fusión de Caixa Galicia y Caixanova), pero no lo hizo hasta pasado el verano del 2011. ¿Por qué? «Porque hubo un cambio de criterio», opinó Gorriarán, quien sospecha que el Banco de España, dirigido en aquel momento por Fernández Ordóñez, ya conocía que iba a haber movimientos en la cúpula de la entidad. Lo que desembocaría en la salida de los directivos y en el pago de sus liquidaciones, que previamente deberían de haberse provisionado por un importe de 29,9 millones.

Gorriarán, que también declaró sentado y mantuvo una actitud dura con la fiscala que le interrogaba, tuteándola y dirigiéndose a ella como «señorita», negó que su contrato se hubiera modificado y que, para comprobarlo «por la prueba del nueve», solo habría que analizar su nómina. La fiscala Melero le dijo que había subido un 2 % en el 2011, de acuerdo con un informe pericial del Banco de España. El ejecutivo le contestó que ese incremento obedeció al aumento registrado en el convenio de cajas de ahorros. A preguntas de la fiscala, el acusado subrayó que el Banco de España nunca se dirigió a él, que la entidad nunca había estado en pérdidas y que, si el supervisor recomendó ajustes, se hicieron con seguridad.

Castellano le dijo que no podía seguir porque no lo querían los fondos americanos

En el verano del 2011 José Luis Pego estaba convencido de que se iba a quedar en el futuro banco al lado de José María Castellano, el presidente. Pero no fue así. «Yo no desisto», dijo el exdirectivo ante el juez, asegurando que el suyo fue un despido pero que se disfrazó para salvaguardar su prestigio. Tras varias reuniones con ejecutivos, Pego pidió al futuro presidente su opinión sobre las decisiones adoptadas: «Lo que diga el director general», le contestó Castellano. Luego, según relató el acusado ante el juez, lo llamó a su despacho. «Te tengo que dar una mala noticia, y no sé cómo decírtelo. Los fondos de inversión norteamericanos, en concreto Elliot, que va a entrar con 500 millones, ponen como condición que tú y también García de Paredes abandonéis la entidad», le explicó.

Pego le dijo en ese momento que tiene un contrato de alta dirección, que le permite prejubilarse con el 100 % del sueldo. La respuesta de Castellano fue que «los contratos están para cumplirse». Acordaron entonces redactar una carta de desestimiento en lugar de una de despido para salvaguardar su prestigio en la caja. El que era aún director general no ocultó que se había sentido dolido por la situación. Llamó al Banco de España y preguntó por Pedro González, jefe de Inspectores: «Me acaban de despedir, pero tú ya lo sabías».

En otra conversación con Castellano, le dijo que quería que en la nota de prensa que informaba de su salida se indicara que se iba por causas ajenas a su voluntad. No se hizo.

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