Aroma de cerveza en Coristanco

Fonteboa cuenta con la primera finca escuela para recuperar el lúpulo gallego


carballo / la voz

El lúpulo es una planta trepadora que alcanza los seis metros de altura y cuyo polen es lo que aporta aroma y amargor a la cerveza. Hijos de Rivera y la cooperativa Lutega llevan tiempo intentando recuperar el cultivo en la comunidad para conseguir un producto 100 % gallego, de mayor calidad y más barato. En el Centro de Investigacións Agrarias de Mabegondo hay 2,4 hectáreas de plantación experimental y otras siete de Lutega en Abegondo, pero la idea es extender el cultivo por Galicia porque casi todo es de importación, procedente sobre todo de Alemania y Estados Unidos. Ahí es donde entra Fonteboa, el centro de promoción rural de Coristanco que tiene la primera finca escuela de lúpulo de Galicia.

Están plantados apenas mil metros cuadrados, unas 200 plantas de las que se ocupan 18 estudiantes de ciclo medio. Casi todos proceden de familias que viven del campo. Según José Gil, profesor encargado de la actividad, la idea es que los alumnos conozcan cómo se trabaja el lúpulo y se planteen tenerlo en casa, como ayuda. Además del trabajo que realizan en Coristanco, los estudiantes hacen prácticas en los campos de la cooperativa, que tiene un plan estratégico de cuatro años (2014-2018) para fomentar el cultivo. La parte de la comercialización está asegurada, porque Hijos de Rivera comprará todo el que se plante, pero hay que ver si realmente es rentable.

La inversión es importante, ya que está entre los 12.000 y los 18.000 euros por hectárea, pero el beneficio neto, después de todos los gastos, amortizaciones y sueldos, está entre los 3.000 y los 3.500 euros anuales. En el mes de julio hará un año que se realizaron las plantaciones en Coristanco y en septiembre podrían tener la primera cosecha, del 30 %. Para obtener el 70 % hay que esperar otro año y, a partir de ahí, ya es el 100 % de las flores. Las plantas duran unos 15 años, pero dan trabajo. En principio, según José Gil, la idea es que los alumnos prueben con media hectárea aproximadamente. Se trata de recuperar un cultivo que casi fue anecdótico en a Costa da Morte, aunque hay referencias en los años sesenta. Nada que ver, sin embargo, con lo que fue en las Mariñas coruñesas, donde al lúpulo se le conocía como oro verde. También es ahora el área donde más y mejor se planta.

Y como Fonteboa es una escuela, han ido a por la matrícula de honor y el lúpulo que plantan es ecológico, por si un día deciden fabricar una cerveza así.

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