Todo cae: empleo, activos y parados


El primer trimestre del año no suele dar un buen dato de ocupación debido al ajuste del empleo estacional de las Navidades. En este 2015 los datos han sido de nuevo negativos, aunque ciertamente mucho menos que el año pasado por estas fechas. Cuando los comparamos con los datos de afiliados a la Seguridad Social -en este caso entre noviembre y febrero, meses centrales de los dos últimos trimestres- comprobamos que la caída de empleo que anota la encuesta de población activa es muy superior a la caída de los afiliados, lo que indicaría que mucho del empleo destruido lo ha sido dentro de la economía sumergida.

En este contexto, el balance trimestral de la caída de la ocupación en Galicia es mucho peor, al tiempo que esa reducción es mucho más ajustada al descenso de afiliados a la Seguridad Social. La recuperación y el empleo siguen rodando con mucha más tristeza por estos finisterres.

Tan importante como lo sucedido con la ocupación es lo que sigue sucediendo con la población activa. Porque desde el año 2012 (este primer trimestre incluido), han desaparecido seiscientas mil personas que se han desanimado, pasando a la población inactiva o a la emigración. Un mal síntoma para confirmar una recuperación económica sólida. Solo en el último trimestre desaparecen 127.000 personas del colectivo de las disponibles para trabajar.

Con un descenso de los ocupados, y otro aún mayor de los activos, se entiende que la reducción del paro en el último trimestre sea muy pequeña. Es así que tenemos magia: descenso del paro con caída de la ocupación.

Es este un factor que explica que la destrucción de empleo no provoque más desempleo y es por eso que las cifras de paro registrado entre noviembre y febrero para el conjunto de España aparentan estabilidad. Entran los que pierden un empleo y salen los que pasan a ser desanimados.

No es el caso de Galicia, porque nuestra (mayor) destrucción de empleo no se ve aliviada por una caída de la población activa, por eso el paro estimado aumenta de forma muy alarmante en el último trimestre -un dato también confirmado con los datos de paro registrado entre noviembre y febrero-.

En esta coyuntura, la tentación será generar empleo al calor de la temporada turística que se avecina, al precio de una fuerte devaluación laboral y salarial y con un competidor -norte de África- en las tinieblas. Para poder así presentarse a las elecciones generales con los mismos ocupados que había cuando se ganó por mayoría absoluta. Una estrategia agónica, cortoplacista y muy poco sólida.

Por Albino Prada Profesor de Economía de la Universidad de Vigo

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