Un enemigo del Estado


Hasta no hace tanto, Rodrigo Rato era un hombre sin sospechas. Vinculado desde los 80 al centro-derecha, se bregó en acalorados debates económicos en el Congreso como azote del PSOE. Cuando tomó las manijas de la economía española en los noventa, se convirtió en el hombre milagro. Perdió contra pronóstico la carrera por la sucesión de Aznar (¿no inquieta pensar qué habría pasado si hubiera sido el elegido?) y recibió consuelo como jefe del poderoso FMI. Tenía un pasado sin mácula, un futuro brillante.

Hoy Rodrigo Rato es un hombre sin presente, que soporta estoico reprimendas públicas (la última, el escrache en un aeropuerto), imputado por escándalos varios por Bankia y Caja Madrid (el que iba a ser su retiro en la gloria). El hombre que tutelaba las cuentas de todos los españoles admite ahora que se acogió a una amnistía fiscal. Así que había manchas en la camisa. Como Pujol. Como Monedero.

Cuando se advertían las primeras luces de la fiesta económica inminente, cuando España era el alumno que opositaba al club del euro, cuando Aznar barruntaba su única mayoría absoluta, en el invierno de 1998, en el Congreso de los Diputados, este economista brillante se revolvía en un pleno contra la oposición a propósito de las medidas que estaba tomando contra el fraude fiscal: «Los defraudadores con quienes están contentos es con los gobiernos que les hacen amnistías fiscales. No sé qué declaraciones tienen que hacer los responsables políticos, pero sé los efectos que tienen todas las amnistías fiscales sobre los defraudadores. Lo sabe cualquiera». Ahora lo sabemos. En una entrevista en La Voz de Galicia, ese mismo año, defendía con ardor: «El fraude es el peor enemigo del Estado».

Tomando aquellas referencias, se deduce que Rodrigo Rato de Figaredo es un hombre contento, como defraudador, y también un enemigo del Estado. Sucede que la capacidad de asombro es posible que haya tocado techo: las black, la salida a bolsa de Bankia con engaños, la amnistía fiscal... Que nada sorprenda. Que el milagro Rato fue una mentira. Que lo único que quede por esperar es que algún juez dicte sentencia.

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